Día 1: de Gran Canaria a Edimburgo

16 de agosto de 2016. ¡Empezaba una nueva aventura! En esa ocasión nos disponíamos a recorrer Escocia por libre en un viaje de doce días que iba a empezar, cómo no, en el aeropuerto de Gran Canaria, y que nos llevaría en vuelo directo hasta Edimburgo, capital de Escocia, gracias a Ryanair.

Vuelo directo Ryanair de Gran Canaria a Edimburgo

Desde Gran Canaria se puede volar sin escalas a bastantes puntos del Reino Unido, y Edimburgo es uno de ellos. El trayecto dura poco más de cuatro horas y media, y lo cierto es que fuera de temporada alta se pueden conseguir billetes a muy buen precio. Nosotros, por cuestiones de trabajo, solo pudimos ir en agosto. A pesar de todo, no es para nada mala época para ir a Escocia, pues es cuando mejor tiempo hace y Edimburgo está llena de vida por el Festival Internacional de Edimburgo y, sobre todo, el Fringe.

Pero ya hablaremos de ello a lo largo de este diario de viaje.

Desde Gran Canaria se puede volar en vuelo directo a Edimburgo y Glasgow. El trayecto dura unas 4 horas y media.

Vuelo directo Ryanair de Gran Canaria a Edimburgo

Por cierto, si se preguntan si tuvimos algún tipo de problema con Ryanair, la respuesta es no. Para nada.

Nosotros siempre viajamos con maleta de cabina, y en este caso en el billete venía incluida una maleta de cabina de 10 kilos máximo. Así que respetando las medidas (las estándar; hemos viajado con las mismas maletas de cabina en varias compañías) y llevando la tarjeta de embarque preparada (con la app la puedes sacar en el móvil en un momento y no hace falta imprimirla), vas directamente al control de seguridad y de ahí a la puerta de embarque cuando corresponde. Así de simple.

Si quieres elegir asiento, has te pagarlo. Y si te da igual, como es nuestro caso, simplemente eliges que el sistema te asigne asientos automáticos y listo. Como nosotros compramos los billetes desde una sola cuenta de usuario, la app nos permitía sacar las dos tarjetas de embarque a la vez y nos eligió dos asientos aleatorios, pero juntos. Así que nos tocó, literalmente, a la cola del avión. Y tan felices.

El aeropuerto de Edimburgo está a unos 12 kilómetros de la ciudad.

Al bajar del avión, nos sorprendieron dos cosas: la primera, que el aeropuerto de Edimburgo es bastante pequeño (mejor dicho, cómodo y manejable) y que hacía un tiempo increíble, sin una nube en el cielo, con el sol brillando y calor. ¿Dónde estaba el tradicional tiempo escocés? 😛

El aeropuerto está situado a unos 12 kilómetros del centro de la ciudad, y para el trayecto hay varias opciones:

  • Por tranvía: el billete sencillo sale 5,50 libras, y el de ida y vuelta (es abierto, de forma que puedes usarlo para regresar cuando te convenga), 8,50 libras. El viaje dura unos 30 minutos. Más información aquí, en la web del aeropuerto de Edimburgo.
  • Por tren: hay que tomar primero el tranvía hasta la estación de tren más cercana. Para viajar hasta el centro de Edimburgo en tren hay billetes combinados de tranvía y tren. Más información aquí, en la web del aeropuerto de Edimburgo.
  • En guagua (autocar) exprés, que fue la opción que elegimos nosotros, en concreto el Airlink de Lothian Buses. El billete de ida y vuelta (abierto, es decir, el Adult open return) sale 7,50 libras, más barato que el tranvía. Salen cada 10 minutos y te deja en el mismo centro de la ciudad (al lado de la estación de Waverly) en unos 30 minutos, dependiendo del tráfico.

Y así, tras ir observando el paisaje y avisando a la familia de que estábamos bien gracias a la Wi-Fi gratuita de la guagua (y de la tarjeta prepago de Giffgaff que nos agenciamos en Diario de un londinense, para tener Internet en el móvil durante el viaje), llegamos a Edimburgo.

En el mapa puedes ver los puntos que conformaron la ruta de nuestro primer día por Edimburgo. Tras bajarnos del Airlink en Waverly Bridge (punto desde el que se cogen también para regresar al aeropuerto), nuestro objetivo era llegar hasta la residencia de estudiantes donde nos íbamos a alojar para dejar las maletas.

Puesto que en agosto Edimburgo se masifica, esta residencia fue la mejor opción que vimos en Booking en cuanto a calidad-precio. No salió lo que se dice especialmente barata, pero sí era lo más económico que vimos: habitación privada con cama semidoble, baño privado y cocina compartida, así como unas instalaciones comunes grandes.

Está un poco alejada del centro de la ciudad (a un paseo de unos 20 minutos) pero Edimburgo no es demasiado grande, así que tampoco era impedimento al poder hacer el trayecto en pie perfectamente. La residencia en sí es la Destiny Student Shrubhill. Si quieres saber más acerca del alojamiento en Escocia, así como nuestra opinión concreta sobre esta residencia de estudiantes en Edimburgo (abierta a viajeros de todo tipo durante el verano), puedes hacerlo en la sección El alojamiento en Escocia.

Escaparate de una librería en Edimburgo, dedicada a Harry Potter

Tras haber hecho el check-in y dejar las maletas, hicimos una parada técnica en el supermercado Sainsbury’s que hay justo en la esquina de la residencia (a comprar cookies, cómo no, ¡están buenísimas!) y volvimos a subir hasta el centro de la ciudad, atravesado por la icónica Princes Street.

Anochecer en Edimburgo, Princes Street

Empezaba a caer la tarde, pero seguía haciendo un tiempo espectacular y la ciudad nos mostraba su mejor cara.

Castillo de Edimburgo

Un punto muy recomendable del centro de Edimburgo son los Princes Streets Gardens. Este parque público está situado a pies del Castillo de Edimburgo y es ideal para pasear y descansar un rato. No es nada raro verlo lleno de escoceses tomando el sol cuando hay buen tiempo (intuimos que no pasa a menudo).

Un detalle que vimos a lo largo de toda Escocia y que nos encantó, es que muchos bancos en parques públicos tienen una placa con una inscripción. Creemos que los ciudadanos pueden donar una cantidad y con ello se compra la placa. En ellas hay mensajes dedicados a los seres queridos, buenos recuerdos, citas… Vale la pena detenerse a leerlas.

Great Aunt Lizzie's House en Princes Street Gardens, Edimburgo

Otros rincones con encanto de los Princes Street Garden son la casa de la Great Aunt Lizzie (que por lo que hemos visto después en Internet, forma parte de la serie de televisión para niños Teacup Travels) y el reloj hecho con plantas. ¡Un reloj de verdad, las agujas se mueven y todo!

Reloj de plantas en Princes Street Gardens, Edimburgo

Tras disfrutar del parque, decidimos subir hasta la Royal Mile para admirar un poco  más de cerca el castillo de Edimburgo. Así que subimos por The Mound, en donde pudimos ver desplegados decenas de carteles anunciando espectáculos del Fringe. Verlos es, en sí mismo, un espectáculo.

Por cierto, en Edimburgo se toman muy en serio su festival. Como se puede ver en la foto, ruegan que nadie estropee los carteles, pues no sería justo para los artistas que han pagado para que estén ahí que alguien por hacer la gracia se los rompa, dibuje encima, etc. Y con la clásica advertencia de multa…

Los chicos que se ven en la foto de la derecha pertenecían a un grupo coreano de percusión que (deducimos) se dirigían al recinto donde iban a dar su actuación.

Esa noche había Military Tattoo y los accesos al castillo estaban acordonados para facilitar la entrada del público a las gradas.

El Military Tattoo de Edimburgo es uno de sus espectáculos más conocidos. Se trata de un desfile militar de las fuerzas armadas de la Commonwealth. En resumen: muchas gaitas, muchos caballos y mucho ritmo marcando el paso. Solo se representa durante el mes de agosto y las entradas son carísimas, por lo que si tienes interés en presenciarlo, te recomendamos que las compres con suficiente antelación aquí.

En nuestro caso, no fuimos, así que disfrutamos del ambiente…

… ¡y tanto que lo disfrutamos! Entre el espectacular anochecer y que se oían las gaitas del Military Tattoo, empezamos a sentir que, en efecto, estábamos en Escocia.

Anochecer en Edimburgo junto al Castillo

Un último paseo por la zona nos llevó hasta Victoria Street, en donde hicimos un gran descubrimiento culinario: el Oink. Deliciosos bocadillos de carne de cerdo asada, a muy buen precio. Recomendadísimo para una cena o un almuerzo en la ciudad. Si deseas leer más acerca de dónde comer en Escocia, puedes leer este artículo.

Oink, Edinburgo

Y tras la cena, el cansancio acumulado empezó a hacer mella, así que nos pusimos de camino a la residencia (otros dos kilómetros de paseo). Y una vez allí, ducha y a morir como los elefantes.

Adaptadores de corriente en Escocia

Todo ello no sin antes cargar las baterías para tener cámaras y móviles a punto para la jornada siguiente, en la que seguiríamos descubriendo la bonita y acogedora Edimburgo.

Moraleja: ¡no olvides llevar un adaptador de corriente para el Reino Unido!