Día 2: rincones con encanto de Edimburgo

Nuestro primer amanecer en Edimburgo vino de nuevo con una sorpresa mayúscula: ¡qué buen tiempo hacía! De hecho, ese 17 de agosto (de 2016) pasamos más calor en tierras escocesas que en todo el resto del verano en nuestra Gran Canaria natal. Cosas de la climatología…, pero no te confíes, que a Escocia hay que llevar siempre, siempre, siempre el chubasquero.

Volviendo al tema: ese día de cielo azul radiante lo dedicamos a patearnos la ciudad, tanto para visitar sus puntos más emblemáticos como para recorrer algunos no tan populares pero con igual encanto. Los puedes ver marcados en el mapa que sigue a continuación.

La jornada arrancó con una visita al Sainsbury’s que teníamos al lado de la residencia para comprar el desayuno. Esa mañana desayunamos en la cocina compartida que había en nuestro sector, y como se puede ver en la foto, la tuvimos para nosotros solos. Un lujazo poder estar tranquilamente a tu aire, y con la comodidad de tener todos los utensilios necesarios a tu alcance (platos, vasos, tazas, cubiertos, servilletas, microondas, etc.).

Edimburgo, desayuno en la cocina compartida de la residencia Destiny Student Shrubhill

Y tras reunir fuerzas, ¡a patear! La ruta empezó en el centro mismo de la ciudad: Princes Street, para subir desde ahí a la Royal Mile.

Si visitas Edimburgo en agosto, no olvides que durante ese mes se celebra el Fringe. Encontrarás la ciudad muy animada pero con muchos turistas. Consulta la programación de actividades y actuaciones en: https://www.edfringe.com/

Tras hacer una parada en el Scott Monument, erigido en memoria del escritor sir Walter Scott (y que es el monumento más grande erigido en honor a un escritor del mundo), ascendimos por The Mound hasta llegar a Ramsay Ln, que es una buena manera de llegar hasta la Royal Mile y evitar un poco el bullicio.

Siguiendo esta ruta, llegas prácticamente a la entrada del castillo de Edimburgo. Justo ahí hay una tienda de souvenirs enorme que, sorprendentemente, recomendamos… Su nombres es Tartan Weaving Mill, y aunque la lógica nos llevó a pensar que no valía la pena comprar nada en ese momento (convencidos de que encontraríamos los mismos artículos a lo largo del país a menor precio), lo cierto es que no fue así, por lo que al final de nuestro viaje, cuando regresamos a Edimburgo, terminamos por comprar algunas cosillas ahí al ser donde las vimos más baratas.

Así que echa un vistazo, y si algo te llama especialmente la atención, no te lo pienses demasiado.

Exposición de trajes tradicionales en tienda de souvenirs junto al castillo de Edimburgo

Por cierto, tienen una exposición de tartanes, una pequeña máquina de tejer y también puedes sacarte fotos con trajes escoceses tradicionales.

Señor en kilt a la entrada del castillo de Edimburgo

Hablando de kilts, nada más dirigirnos hacia el castillo de Edimburgo empezamos a ver a varios hombres vistiéndolo.

Si te preguntas si fuimos a visitar el castillo…, la respuesta es no. Lo cierto es que debe de ser precioso, pero nos pareció que estaba masificado y que las entradas costaban una pasta (17 libras cada una). Teniendo en cuenta que visitar el icónico castillo de Eilean Donan cuesta 7,5 libras, preferimos recorrer la zona donde estaban las gradas del Military Tattoo y seguir con la ruta.

Si quieres más información sobre el castillo de Edimburgo y comprar entradas, lo puedes hacer en su web oficial.

Catedral de Saint Giles en la Royal Mile, Edimburgo

Empezamos a descender por la Royal Mile con un gran ambiente por las actividades callejeras del Fringe, el festival alternativo de artes escénicas de Edimburgo. Junto a St Giles’ Cathedral (vale la pena visitarla por dentro) hay una plaza donde se monta un rastrillo durante el Fringe, en el que puedes encontrar muchos artículos hechos a mano. Por ejemplo, Nisa se compró una cartera de la firma independiente Impractical Clothes hecha con tela de tartan. Siempre vale la pena apoyar a los artistas locales.

Espectáculo callejero en el Fringe, Edimburgo

Cómo no, frikis viajeros que somos, no nos pudimos resistir a los reclamos a pie de calle… Hay tantos espectáculos durante el Fringe que cada uno anuncia el suyo como mejor puede, cuanto más alocado, mejor.

Ambiente callejero en el Fringe de Edimburgo

La Royal Mile mide casi 2 kilómetros, pero en cuanto te vas alejando de la zona más cercana al castillo y la catedral, la masificación de visitantes cae drásticamente, y puedes disfrutar del paseo e incluso encontrar rincones con mucho encanto.

Alrededores de la Royal Mile en Edimburgo

Por ejemplo, una sorpresa muy agradable fueron los Dunbar’s Close Gardens, unos pequeños jardines situados junto a la iglesia de Canongate Kirk, en plena Royal Mile. Un auténtico remanso de paz, ideal para desconectar unos minutos y sentarse en uno de sus bancos de piedra bajo los árboles.

De ahí llegamos al final de la Royal Mile: el palacio de Holyrood, residencia real en Edimburgo. Aunque puede visitarse, lo cierto es que no nos despertó especial interés, por lo que decidimos ir al siguiente punto de la ruta… y lo hicimos a lo complicado, je, je.

Queríamos ir al Calton Hill, uno de los dos miradores de Edimburgo. La forma más sencilla para llegar es hacerlo desde Princes Street, pero dado que estábamos en Holyrood, decidimos atravesar el parque de Regent Road, en donde vimos las piedras de Escocia, una selección de piedras traídas de todos los puntos del país.

Las piedras de Escocia, en Edimburgo

De ahí seguimos subiendo por Royal Terrace, y tras ascender por una cuesta empinada que nos dejó sin aliento… ¡objetivo cumplido! Solo por las vistas (sobre todo en un día despejado como el que pillamos nosotros) vale la pena el esfuerzo.

Además, se puede visitar el curioso Monumento National de Escocia, que se quedó sin terminar y le ha valido el sobrenombre de “la Atenas del Norte”.

Como nos gusta eso de “allá donde fueres, haz lo que vieres”, no tardamos en echarnos un rato en el césped tras quitarnos las botas. A esas horas ya llevábamos unos cuantos kilómetros andados, je, je.

Otro punto interesante para visitar es el monumento a Nelson.

Calton Hill, Edimburgo

Y tras disfrutar de las vistas a la Old Town, tocaba regresar a Princes Street.

Se iba acercando la hora de comer, y como queríamos visitar los Jardines Botánicos, situados a la otra punta de la ciudad, decidimos ir dando un paseo y pararnos a comer de camino. Gracias a esta decisión nos topamos con una agradable sorpresa en St. Andrew Square: más puestillos del Fringe, donde nos pudimos tomar una cerveza bien fría. Insistimos: si tienes pensado visitar Edimburgo en agosto, la principal pega es que hay mucha gente por los festivales y los precios se encarecen, pero por otro lado, la ciudad está rebosante de energía y actividades sin dejar de ser tranquila. La verdad es que es una gozada.

Puesto que el camino hacia los jardines botánicos desde donde nos encontrábamos era, literalmente, cuesta abajo, decidimos ir caminando y buscar entre medias dónde comer… ¡Sorpresa! Nada más nos hubimos alejado un poco de St. Andrew, Edimburgo se sumergió en una paz absoluta. Demasiado absoluta… ¡No había nadie por las calles!

Entre el calor, el hambre (ya eran casi las dos) y que apenas había presencia humana por los alrededores y pocos sitios para comer que nos llamasen, nos llegamos a preguntar si de verdad estábamos en la capital del país, ¡y si estábamos en Escocia por el sol!

Finalmente, nos sentamos a comer en el Earthy de Cannonhills, donde sirven, entre otros, platos vegetarianos muy buenos. El local está en 1-6 Canonmills Bridge.

Tras reponer fuerzas, retomamos el camino, y poco después llegamos al Jardín Botánico de Edimburgo.

La entrada es gratuita (puedes consultar los horarios de apertura en su web oficial), y lo cierto es que son grandes, están muy bien cuidados y son un lugar ideal para pasear.

Jardines botánicos de Edimburgo

Esta foto la tomamos en la zona de los jardines de Asia.

Cuando nuestro paseo por el Jardín estuvo concluido, continuamos por un parque público que está justo al lado: el Inverleth Park. Es, básicamente, una enorme extensión de hierba con zonas para jugar al fútbol, al rugby, correr, pasear y jugar con los perros… Y también para sentarte a la orilla del estanque, desde donde se tienen vistas del castillo.

Edimburgo, tienda de Navidad en la Royal Mile

Tras regresar a Princes Street, tocaba frikear un buen rato. Por ejemplo, en una tienda de artículos de Navidad…

… o en un lugar de Edimburgo que muchos no querrán perderse: el Elephant House. La cafetería donde la escritora J. K. Rowling empezó a escribir su archifamosa saga Harry Potter.

Si tienes planeado visitar el Elephant House (está en pleno centro de Edimburgo, en el 32 de Marshall Street), has de tener en cuenta lo siguiente: si quieres sentarte en una mesa a tomar algo, vas a tener que hacer cola, posiblemente un buen rato (el café y el chocolate no estaban mal, pero tampoco nos parecieron para tirar cohetes), pero si lo que quieres es solamente entrar a sacar fotos, puedes entrar sin hacer cola a cambio de pagar una libra que se donará íntegramente a una ONG.

Y si entras al Elephant House, friki viajero, por favor, por favor, por favor, ve al baño. En serio. Sobre todo (si puedes) al de mujeres.

Es todo un espectáculo: las paredes, las puertas (y en general cualquier superficie que te puedas imaginar) están cubiertas de mensajes e inscripciones dejadas por los fans de Harry Potter.

The Elephant House, Edimburgo

Nosotros no dejamos mensaje (con estar ahí y sacar fotos y vídeos ya tuvimos suficiente). ¿Lo has hecho tú? 🙂

Scottish National Gallery, Edimburgo

Aunque nos sentó muy bien el alto en la cafetería, la verdad es que empezábamos a tener las pilas fundidas, y las terminamos de gastar con una visita a la Scottish National Gallery, cuya colección permanente incluye obras muy interesantes (por ejemplo, de Gauguin) y es de entrada gratuita.

Lavandería pública en Edimburgo

Tras la visita, decidimos regresar a la residencia con tal de cumplir una misión importante: hacer la colada. Había una lavandería pública muy cerca, así que una hora y poco después teníamos la ropa que habíamos usado esos días (y sudado, sobre todo eso con el calor que pillamos) limpia.

Nos retiramos pronto a descansar, pues al día siguiente nos esperaba el último día en Edimburgo y, sobre todo, hacer un esfuerzo que iba a valer la pena: subir al Arthur’s Seat. La pena fue que, ahora sí, hizo un tiempo escocés…

Pero eso te lo contaremos en la siguiente entrada del diario.