Desde que empezamos a planear nuestro viaje por libre a Japón, nos hacía ilusión vivir una experiencia en concreto: una sesión de fotos caracterizados como maiko (aprendiz de geisha) y miembro del Shinsengumi en Kioto. La primera vez que supimos que esto podía hacerse fue tras ver las fotos que se hizo Raveus Malkavian, y ella misma nos habló del estudio Yumekoubou. Así que tras haber reservado cita varios meses antes, el principal evento de nuestro undécimo día viajando por Japón estuvo protagonizado por dicha sesión fotográfica, algo que recomendamos hacer a todos los frikis viajeros.

Si estás pensando en hacerte también una sesión, debes saber que en Kioto hay numerosos estudios donde te caracterizan y te sacan las fotos, pero nosotros recomendamos el Yumekoubou no solo porque los resultados son buenos y te tratan muy bien, sino porque cuando ya estaban terminando con nosotros, vimos cómo atendían a otros clientes japoneses. Es decir, es un estudio al que van personas locales, por lo que deducimos que tiene cierta reputación.

En la web del estudio Yumekoubou puedes leer en inglés sencillo toda la información al respecto sobre los servicios que ofrecen, pero a grandes rasgos, te lo resumimos: tienen tres estudios repartidos por Kioto, de los cuales nosotros nos decantamos por el que está en la subida al famoso templo de Kiyumizudera. En el mapa de nuestro itinerario del día 11 lo señalamos.

Captura de pantalla hecha del Google Street View, con ubicación del estudio Yumekoubou de Kiyumizudera, Kioto

La forma más sencilla de llegar al estudio es coger la guagua número 100 o 206 en Kyoto Station (o donde mejor venga) y bajar en la parada de Gojo-Zaka. Una vez ahí, hay que caminar un poco hasta encontrar el principio de la cuesta que conduce a Kiyumizudera. El estudio está bastante cerca, a unos pocos minutos a pie nada más empezar a subir dicha cuesta. Hemos compartido una captura de pantalla del Google Street View para que lo termines de localizar.

Otra de las cosas que debes saber, y que puedes leer en la web del estudio, es que disponen de varios planes. En todos te maquillan y visten, pero puedes optar por sacarte fotos dentro del estudio, o bien fotos fuera en un paseo por los alrededores. Nosotros inicialmente habíamos contratado dicha opción, pero ese día llovía en Kioto, así que cuando llegamos, el señor de recepción nos indicó que teníamos que cancelar lo de los exteriores.

Y el último aspecto esencial que has de tener en cuenta, es que es recomendable reservar cita para tu sesión de fotos como mínimo un par de meses antes. Es un estudio bastante demandado, así que mejor ser previsor. Se reserva a través de un formulario disponible en la web, y ellos mismos te contestan al correo electrónico en inglés sencillo, confirmando la fecha, más o menos dos días después.

En la web del estudio Yumekoubou puedes encontrar toda la información que necesitas para reservar tu sesión fotográfica. Está escrita en inglés sencillo y te recomendamos que hagas la reserva con un par de meses de antelación como mínimo.

Una vez aclarado esto, pasamos a relatar la experiencia en sí. Habíamos reservado cita para las 10 de la mañana, así que tras doparnos (Nisa amaneció ese día medio resfriada, pero el paracetamol ayudó a que nada estropease la jornada), llegamos unos minutos antes. Tras la recepción, la chica que se encargaría de prepararnos le pidió a Nisa que fuera al vestuario a desvestirse y que se pusiera una bata ligera, parecida a las que se usan en las peluquerías, y unos tabi (calcetines tradicionales japoneses), para a continuación empezar con el maquillaje.

Una de las cosas más chulas del estudio, es que aunque contratas una serie de fotografías profesionales, te dejan sacar todas las fotos que quieras con tu propia cámara, tanto durante la preparación como durante la sesión en sí y después de esta.

En el caso de Nisa, ella eligió caracterizarse de maiko (aprendiz de geisha). El maquillaje blanco que se aplica al rostro, al contrario de lo que puede parecer, no es nada denso ni graso, sino líquido y ligero y no picaba nada (lo afirma ella, que se maquilla una vez cada X años, o cuando hay eclipse solar). La maquilladora te va dando instrucciones en engrish sencillo (crose yor ais plisss, open your ais plisss), y en unos quince minutos te tiene preparada.

Una vez te han maquillado rostro, cuello y espalda (dejando la característica zona en forma de V o W sin maquillar), el siguiente paso es elegir kimono. La maquilladora, en función a tu altura, te pide que escojas entre una serie de kimonos expuestos cuál quieres vestir, y una vez eliges, empieza la fase más extraña, incómoda y a la vez interesante de la transformación: sentir cómo te van recubriendo las capas y cómo estas aprietan y pesan. Eso sí, sin llegar a ser asfixiante ni nada por el estilo, pero el kimono una vez puesto, sí que te obliga a mantener una postura erguida.

Se completa el conjunto con unas geta (calzado tradicional japonés de madera, toda una experiencia andar sobre ellos) y, cómo no, una peluca tan bien hecha y adornada que una vez puesta, parece tu pelo natural. Eso sí, debe de pesar por lo menos cinco kilos, porque como se dice en nuestra tierra, agüita

Sesión de fotos en el estudio Yumekoubou Kiyumizudera en Kioto, fotos como maiko y Shisengumi

Qué decir… Si ya es complicado elegir entre todos los preciosos kimonos disponibles, una vez se está preparado, se siente algo extraño y hermoso, una mezcla de responsabilidad por estar vistiendo unos ropajes con gran tradición, y a la vez ilusión por estar a punto de hacer algo que no olvidarás. Para rematarlo, como dice Nisa, estarás llevando el cosplay de tu vida.

Pero no solo ellas tienen derecho a disfrutar del momento… En el estudio Yumekoubou, los hombres pueden elegir entre tres atuendos diferentes. Pedro eligió el traje de miembro del Shinsengumi, y aunque su preparación fue sencilla, la emoción no resultó menor.

Y una vez preparados ambos, llegaba la parte divertida: ¡a sacarse fotos! Nos llevaron a un estudio profesional, con su ciclorama, sus fotos y su fotógrafo japonés que no hablaba ni jota de inglés, pero que a base de gestos, posturas y de hacerte indicaciones, se hacía entender perfectamente.

Sesión de fotos en el estudio Yumekoubou Kiyumizudera en Kioto, fotos como maiko y Shisengumi

Al reservar cita en la web del estudio, concertamos un plan que incluía ocho fotografías de Nisa y ocho de Pedro, pero a la hora de hacer la reserva vía web, indicamos que queríamos que algunas de esas dieciséis fotos fuesen de los dos juntos. Ellos nos dijeron que no había problema, así que algunas de las ocho fotos que correspondían a Pedro, son de los dos. Si vas a hacerte el plan y estás en una situación similar a la nuestra, explícalo en inglés sencillo al rellenar el formulario de contacto.

Sesión de fotos en el estudio Yumekoubou Kiyumizudera en Kioto, fotos como maiko y Shisengumi

A continuación te mostramos varias de las fotos de estudio profesional que nos sacamos. Una anécdota: durante nuestro viaje, cada noche al llegar al hotel de turno subíamos las fotos de la jornada a un FTP, para que nuestras familias y amigos pudiesen ver qué habíamos hecho. Pues cuando la madre de Nisa vio las fotos, no la reconoció, y llamó a la madre de Pedro para comentarle: “Mira qué listo tu hijo, sacándose fotos con una japonesa”. El cachondeo cuando repararon en quién era quién fue tremendo…

Una vez te han sacado todas las fotos, por si no has tenido suficiente, el estudio dispone de un fondo con una foto del templo de Kiyumizudera a la entrada, por si quieres sacarte un porrón más con tu propia cámara. Ya que estás vestido así, ¡hay que aprovechar!

Importante: a la hora de contratar la sesión, puedes añadir una serie de extras. Nosotros elegimos uno que incluía las fotografías digitales en alta calidad (300 de resolución, 4000 y pico píxeles por el lado más largo) grabadas en CD. Existe la opción de comprarlas ya impresas, pero sale más a cuenta pagar por el CD e imprimirlas tú libremente, ideal para tener un gran recuerdo y regalar una copia a tus seres queridos. Además del CD, se incluye unas láminas con las miniaturas de las fotos y dos postales. Todo te lo entregan cuando ya te has desmaquillado y vestido de calle y te dispones a pagar (unos veinte minutos después de haber acabado la sesión).

Igual te estás preguntando qué cuánto sale todo esto… Seamos sinceros: barato no es. Sin embargo, si vas a Japón, ya que estás ahí es una pena no aprovechar. Nosotros pagamos por todo unos 160 euros al cambio, pero ya se sabe, según cómo se pille el yen, el precio final fluctúa.

Si quieres terminar de animarte, aquí hemos subido fotos de otros Frikis Viajeros que también vivieron la experiencia.

Rozando el mediodía (una vez entras al estudio, tardas más o menos una hora y media – dos horas en salir), dejamos atrás el Yumekoubou. Como dijimos antes, Nisa andaba medio resfriada, y aunque no estaba para el arrastre, tampoco estaba en su mejor momento. Además, seguía lloviznando, por lo que decidimos subir la cuesta que lleva hasta la zona de Kiyumizudera.

Kiyumizudera es uno de los templos más famosos de Kioto… y decidimos no entrar. Lo reservamos para la próxima vez que vayamos a Japón 🙂  En lugar de ello, nos dedicamos a observar a la gente: desde chicas ataviadas con kimono a estudiantes en visitas culturales, así como visitantes y gente del lugar que iba y venía. No podían faltar, cómo no, las tablillas ema, muchas de ellas con curiosas inscripciones.

Huyendo de la lluvia, descendimos de nuevo por la cuesta, tomamos la guagua y nos bajamos en Kyoto Station para ir caminando hacia la zona de nuestro ryokan, pero tirando por el lado donde se encuentra el Templo del Este. Precisamente por ahí comimos en un restaurante de menús, y decidimos dedicar la tarde a visitar dicho templo, en su nombre original Nishi Honganji, antes de que cerrase (te recordamos que casi todos los templos cierran a las 5 de la tarde en Kioto). Fue una visita interesante porque el templo es majestuoso, la entrada es gratuita y aquel día, a esas horas, apenas había gente. De hecho, éramos los únicos que entraron a curiosear una exposición en el interior, para lo cual tuvimos que descalzarnos. 

Reconozcámoslo: en verdad entramos al templo en busca y captura de estampus

Una vez terminamos la visita, regresamos al ryokan, pues Nisa se encontraba un poco pocha. Había que recobrar fuerzas, pues al día siguiente nos tocaba excursión a la vecina ciudad portuaria de Kobe.

Nishi-Honganji, Templo del Este, en Kioto
La experiencia de la sesión de fotos. Algo que vale la pena probar una vez en la vida.
Lo mejor de la jornada:
Lo mejor de la jornada:
Los malditos resfriados viajeros.
Lo peor de la jornada:
Lo peor de la jornada: