Inicialmente, nuestro plan era dedicar el día 12 de nuestro viaje por Libre por Japón nuevamente a Kioto, pero ante la saturación de templos, decidimos recurrir al plan B y hacer una excursión de ida y vuelta a la portuaria y cercana ciudad de Kobe. Así que tras despertarnos prontito, como de costumbre, nos dirigimos a la estación de Kioto para tomar un tren guiándonos por HyperDia. Hay que tener en cuenta que en Kobe hay dos estaciones principales: a Kobe Station llegan trenes regionales, como el que tomamos nosotros (fuimos a Kobe Station). Si quieres llegar a Kobe en Shinkansen, tienes que bajarte en Shin-Kobe, que está más al norte.

Propuesta de ruta desde Kioto a Kobe con el Japan Rail Pass, captura de HyperDia

Aquí puedes ver la ubicación de Shin-Kobe y Kobe Station, así como nuestra ruta por la ciudad.

Una vez llegas a Kobe, las primeras impresiones no engañan: es una tranquila ciudad costera, donde el aire huele a mar y todo parece ir a otro ritmo. Una urbe que destaca, principalmente, por dos aspectos: la famosa carne de la que lleva nombre (la célebre carne de Kobe), y el terremoto que asoló la ciudad en 1995.

En 1995, la ciudad de Kobe fue asolada por un terremoto que ha pasado a la historia como el Gran Terremoto de Hanshin o Gran Terremoto de Kobe. El escritor Haruki Murakami publicó el libro de relatos Después del terremoto (de título original Todos los hijos de Dios bailan), los cuales tienen como nexo en común que ocurren después de la tragedia.

Una de las cosas más interesantes que se pueden visitar en Kobe, es el Parque Conmemorativo del Terremoto que hay en su puerto. Así que tras armarnos con un mapa que nos dieron en la oficina de turismo, nos dispusimos a dar un paseo hasta allí atravesando varias de las agradables y típicas calles comerciales, las cuales, al estar cubiertas por una especie de cúpulas, quedan protegidas de las lluvias y de los rayos directos del sol. Un lugar ideal para cotillear mientras vas a tu destino y comprobar lo frikis que pueden llegar a ser algunos japoneses…

Es curioso, pero como en toda ciudad importante con tradición portuaria, en Kobe no tardas en percibir otro ambiente más cosmopolita. Mejor dicho, una ciudad abierta a influencias de otros países. Nos sorprendió ver elementos de arquitectura europea, o detalles decorativos con sabor británico en bonitas jardineras urbanas (como ya hemos dicho anteriormente, en Japón se aprovecha cada rincón para llenarlo de plantas y flores).

Ese día hacía bastante calor, sensación que se incrementó y a la vez se alivió una vez estuvimos en el puerto para visitar el Parque Conmemorativo del Terremoto. La verdad es que la primera vez que ves los restos del terremoto que han dejado tal cual quedaron, a modo de recordatorio, impacta lo suyo.

Escolares japoneses visitando los vestigios del gran terremoto de Kobe

El parque en sí es una gran extensión en el puerto, salpicada de placas con información, algún que otro monumento, prototipos de barcos en exposición y, sobre todo, estupendas vistas a mar abierto. Ideal para dar un buen paseo, respirar y tratar de hacerte una idea de cómo debe ser un movimiento de tierra de tal calibre. Durante nuestra visita coincidimos con un montón de grupos de escolares japoneses que iban a lo mismo que nosotros, y que nos miraban probablemente con la misma curiosidad que nosotros a ellos.

También hemos comentado anteriormente que en Japón casi todos los carteles de interés para el visitante extranjero están en inglés. Como puede verse en este, la otra lengua en la que suelen estar escritos los carteles, es el coreano.

Carteles en el parque Meriken, conmemorativo del gran terremoto de Kobe

Tras pasar un rato más observando el trozo de puerto que se ha dejado tal cual quedó en 1995, seguimos paseando por los alrededores hasta llegar hasta la curiosa torre de Kobe. No es un lugar lo que se dice espectacular, pero sí agradable e interesante.

Algo que nos llamó de nuevo la atención, fue lo limpio que estaba todo. Nosotros, que somos de una ciudad portuaria y estamos acostumbrados a que a veces esté todo un poco manga por hombro, no salíamos de nuestro asombro al ver lo cuidadas que están la inmensa mayoría de las calles en Japón.

Escolares de excursión por el parque marítimo de Kobe

En Kobe puedes encontrar juntas muchas cosas curiosas: un hotel de llamativa arquitectura en pleno puerto…

Puerto de Kobe

Un cartelito de la Torre de Kobe para meter la cabeza y sacarte la foto chorra…

Y a poca distancia, el barrio chino. La verdad es que nos gustó la Chinatown de Kobe porque si bien no era demasiado grande, estaba repleta de puestillos de comida. A esa hora, más o menos el mediodía, coincidimos con un montón de estudiantes de instituto, y mientras nos zampábamos unos bollitos de carne hechos al vapor, flipamos lo suyo al ver que las chiquillas arrasaban comprando unos palitos de ichigo. Dicho en español: tres fresas diminutas insertadas en un palo de madera… ¡a 300 yenes! Sí, la fruta es cara en Japón. Pobres, si supieran que en época de fresas en España por ese dinero te puedes llegar a comprar un kilo…

Tras estar un buen rato por el barrio chino, decidimos continuar el paseo y tratar de encontrar un sitio a la aventura donde probar la carne de Kobe sin dejarnos un dineral… Primera moraleja: si quieres comer carne de Kobe sin que te duela el bolsillo, olvídate. Segunda moraleja: si quieres hacerlo sí o sí, te recomendamos que hagas como unos amigos nuestros y busques en Internet un restaurante y reserves con antelación. Es la mejor forma de ir a tiro hecho y, además, reservar en tu presupuesto el dinero en total.

Te podemos decir, más o menos por lo que vimos nosotros, que un menú degustación que incluye auténtica carne de Kobe no baja de los 7000 yenes por persona (unos 70 euros). Habrá sitios y sitios, pero vamos. En nuestro caso, decidimos no hacerlo y decantarnos por un restaurante situado en la octava planta de un edificio donde ofrecían menús más asequibles. La carne no era de denominación de Kobe, pero estaba buenísimo todo y preparaban la comida en directo, en plancha.

Con la panza llena, dimos una última vuelta por Kobe y nos dirigimos a la estación tranquilamente.

Torii en una calle de Kobe

Otros Frikis Viajeros que han ido a Kobe recomiendan dos puntos de interés que nosotros no visitamos, pero que consideramos que deben de estar muy bien: el teleférico (Shin-Kobe rapeway) que conduce al mirador del monte Rokko, y la estatua del robot Tetsujin 28-go, pues su creador, Mitsuteru Yokoyama, era de Kobe. Puedes leer más información al respecto en este artículo de Japonismo.

Y tras regresar a Kioto, tocaba dar una última vuelta, descansar y preparar las maletas, pues al día dejaríamos atrás la ciudad milenaria para recalar en dos puntos célebres por motivos bien distintos: Hiroshima y la isla de Miyajima.

Por cierto, de camino a la estación nos hicimos con un botín… Sí, en Japón se pueden encontrar variantes de bebidas y dulces occidentales, como los KitKat de té verde.

KitKat de té verde, comprado en Kobe, Japón
El mar. Isleños que somos, lo echábamos de menos.
Lo mejor de la jornada:
Lo mejor de la jornada:
Los precios de la carne de Kobe. Si vas con intención de probarla, resérvate por lo menos 80-100 euros en tu presupuesto.
Lo peor de la jornada:
Lo peor de la jornada: