Como ya te contamos, el primer día de nuestra estancia en Osaka estuvo pasado por agua, en el segundo el tiempo dio tregua y disfrutamos de un clima de lo más agradable, pero el paréntesis se acabó y durante el tercer y último día en dicha ciudad, no dejó de llover. Mejor dicho, ya no dejó de llover durante las últimas jornadas de nuestro viaje. Así que si bien disfrutamos, se nos chafó un poco el asunto. Qué se le va a hacer, cosas del directo…

El objetivo de nuestro decimoséptimo día viajando por libre por Japón era un tanto extravagante, puesto que queríamos ir a visitar el Parque Conmemorativo de la Expo ‘70 de Osaka. Un lugar que a día de hoy es un parque enorme y que no sale, precisamente, en las guías turísticas salvo de pasada. Para llegar hasta allí hay que coger la línea de metro Midosuji Line (como no viene incluida en el Japan Rail Pass, hay que pagar), bajarse en la estación de Senri Chuo y ahí cambiar al Monorraíl de Osaka (que tampoco viene incluido en el Japan Rail Pass y, por lo tanto, hay que abonar). Una vez en el monorraíl, hay que bajarse en la estación de Banpaku Kinen-koen.

Como se puede ver, queda un tanto lejos y no es un destino que destaque precisamente entre las principales atracciones de la ciudad. Si te estás preguntando por qué demonios queríamos ir, he aquí la respuesta….

Viñeta del manga 20th Century Boys, de Osaka

Si eres aficionado al manga japonés, seguramente ya lo has pillado, y si no, te lo explicamos: el manga 20th Century Boys, de Naoki Urasawa (uno de nuestros autores de cómic japonés preferidos) gira en torno a la Expo ‘70 de Osaka, pero en especial a su símbolo más emblemático.

La Expo ’70 de Osaka se celebró, como dice el nombre, en 1970 bajo el lema Progreso y Armonía para la Humanidad. La visitaron más de 64 millones de personas. A día de hoy, las instalaciones donde se desarrolló forman un parque extenso que puede visitarse al precio de 250 yenes la entrada.

Dicho símbolo no es otro que la enorme y misteriosa Torre del sol.

Si no conoces este manga, solo podemos recomendarte que lo leas. En España lo publicó hace unos años la editorial Planeta y sigue siendo fácil conseguirlo. Y si lo conoces, comprenderás que no podíamos dejar de sacarnos la foto de turno. ¡Amigo!

Quitando el componente friki de nuestra visita, hemos de destacar algunos aspectos. El primero es que si vas a Japón y llueve, no vale la pena que te gastes más de 300 yenes en un paraguas. De verdad. Los típicos paraguas transparente de plástico que puedes pillar en todos lados por ese precio son más que suficientes. A nosotros nos dio por comprar uno más caro, de 500 yenes, por si era de mejor calidad y nada más salir de la estación del monorraíl para ir caminando hacia la entrada del Parque Conmemorativo, una ráfaga de viento nos lo rompió. Así que tuvimos que tirar de otro baratuno que compramos a la entrada del parque. Porque llovía, y llovía, y llovía…

Una pena, porque el parque es enorme y de lo más agradable, pero el tiempo no facilitaba la tarea. Lo más interesante fue la zona del bosque de bambú. No todos los días se pueden observar los tallos y cómo germinan.

Por lo que nos pareció ver, y por lo que hemos visto en Internet, la época ideal para disfrutar de este parque debe de ser durante la floración de los cerezos, porque abundan. Así que si estás a finales de marzo en Osaka, ya sabes dónde puedes disfrutar del hanami.

Parque conmemorativo de la Expo de 1970 de Osaka

No te vamos a mentir: hacía fresquito, seguía lloviendo y nos quedaba poca memoria en la tarjeta de la cámara (¡qué jóvenes e inexpertos éramos!), así que muy pocas fotos quedan ya de nuestras aventuras por Japón.

En el Parque Conmemorativo de la Expo 70 de Osaka estuvimos aproximadamente tres horas. Cuando consideramos que ya habíamos visto suficiente, regresamos al monorraíl y nos bajamos en la estación donde se hace cambio al metro, para buscar dónde comer. 

Parque conmemorativo de la Expo de 1970 de Osaka

Allí, tras explicarle a base de gestos a una camarera qué queríamos comer señalando las réplicas de plástico del escaparate, nos llenamos los estómagos, que calorcito nos hacía falta.

Por la tarde dimos una última vuelta por la Dotonbori, que bajo el agua tenía cierto encanto pero parecía un poquito más triste que el día anterior, y regresamos al hotel. Al día siguiente volvíamos a Tokio, punto de inicio de nuestra la aventura. Aún nos quedaban dos días en la capital japonesa, pero empezábamos a vislumbrar el horizonte. Se iba cerrando el círculo, se acercaba la hora de regresar a casa.

La torre del sol. Objetivo friki cumplido.
Lo mejor de la jornada:
Lo mejor de la jornada:
La lluvia 🙁
Lo peor de la jornada:
Lo peor de la jornada: