Nuestro segundo día por tierras japonesas empezó temprano, no solo porque somos de madrugar para aprovechar al máximo cada jornada de viaje, sino porque con los efectos del jet-lag, a eso de las seis de la mañana ya teníamos los ojos como platos.

Nos preparamos para salir del hotel y nos dirigimos al konbini de la esquina del hotel, donde nos dispusimos a comprar el desayuno. Nos llevamos de todo, desde onigiris a un yogur con cereales, pasando por un brick de zumo de naranja o unos dango (bolitas de arroz). Nos gastamos entre los dos 700 yenes (y tenemos buen saque, por lo que si eres de los que comen poco, puedes desayunar un onigiri y un brick de zumo por poco más de 300 yenes).

Desayuno de konbini en Tokio

Una vez con el estómago lleno, pusimos rumbo al principal destino del día: Akihabara. Esta zona de Tokio es principalmente conocida por ser la meca de los aficionados al manga (cómic japonés) y el anime (animación japonesa), pero también por ser un barrio donde los que busquen componentes electrónicos, electrodomésticos, cámaras y accesorios fotográficos, etc., pueden hallar auténticas gangas.

En nuestro caso, íbamos como aficionados al manga y el anime, principalmente. Por la buena ubicación de nuestro hotel, en Ueno, Akihabara quedaba cerca, apenas dos paradas en la Yamanote Line (menos de 5 minutos de trayecto). Nada más salir del tren y acceder a la estación, ya sabes dónde te encuentras, pues hay carteles de series populares por todas partes. Una explosión de color y estímulos que no hace sino empezar.

Vamos a ser sinceros: apenas verás material gráfico en esta entrada del diario de viaje por dos razones principales. La primera, es que en la práctica totalidad de las tiendas de Akihabara (al menos cuando nosotros estuvimos en Japón) estaba prohibido sacar fotos y grabar vídeos. La segunda, es que a medida que pasaban las horas, el amigo JL (es decir, el jet lag) volvió a causar estragos, haciendo que por el cansancio nos saturásemos bastante rápido del ambiente.

Para que te hayas una idea, Akihabara es una calle principal bastante ancha, aunque no excesivamente larga (más o menos como la Gran Vía madrileña) en la que encontrarás edificios de conocidas cadenas, como el Animate o la Taito Station, pero lo realmente interesante son todas las callejuelas traseras, en las que encontrarás tiendas de lo más variado y con contenidos asombrosos.

Es alucinante la cantidad de manga que se publica en Japón. Incluso en la época actual, en la que la industria del manga en papel está en declive, el mercado es enorme y los lectores se cuentan por millones. Si entras en cualquier tienda de manga de Akihabara, verás plantas y plantas de revistas y tomos, algunos de los cuales conocerás porque se han publicado en España, otros porque los has leído por otras vías (ejem) y decenas, cientos y cientos, que jamás verán la luz fuera de tierras japonesas o de los que es posible que ni hayas oído hablar.

En Akihabara, en esencia, encontrarás frikadas a tutiplén. Desde manga publicado a material de dibujo, maquetas de trenes, figuras de coleccionismo, fotos de idols, merchan de todo tipo (sácate de la cabeza eso de que “en Japón no hay chinadas”, porque no es así, hay cosas muy chulas, pero también cutres y mal hechas), videojuegos, plantas enteras de porno a la japonesa y hentai… Vamos, un universo de posibilidades.

El mejor consejo para descubrir Akihabara nos lo dio nuestro amigo Josep Albors: entrar a un edificio cualquiera, subir al ascensor, ir a la última planta… y empezar a recorrerlas hacia abajo, sin saber qué te vas a encontrar en cada una.

Esa mañana de nuestro segundo día en Japón se produjo nuestro primer encuentro con Akihabara, y lo cierto es que lo disfrutamos, pero no todo lo que hubiésemos querido. Como ya hemos dicho, seguíamos arrastrando cansancio, y en muchas de las plantas de los edificios de Akiba te vas a encontrar lo siguiente: música a toda pastilla sonando por megafonía, pantallas con anime y el audio a toda pastilla, consolas para jugar con los monitores a toda pastilla… Y todo a la vez. Acabas con la cabeza como un bombo.

En posteriores visitas a Akihabara (como nos quedaba tan cerca del hotel, los días en que hicimos excursión de ida y vuelta desde Tokio, solíamos pasar ahí las últimas horas de la tarde), descubrimos que el verdadero encanto del barrio son las tiendas que están en las calles traseras a la principal. Nuestras favoritas fueron la Mandarake y Super Potato.

Mandarake es una cadena dedicada a la segunda mano de merchan, manga, anime y derivados. El edificio de la Mandarake en Akihabara no tiene demasiada pérdida, y ahí puedes encontrar auténticos tesoros a muy buen precio. Ten en cuenta que la segunda mano en Japón implica, en la inmensa mayoría de los casos, encontrarte con los artículos en perfecto estado y a un precio notoriamente inferior al original. En caso de artículos de coleccionismo imaginamos que dependerá de lo que se trate (por ejemplo, nos llamaron la atención la gran oferta de figuras de plástico de monstruos, tipo Godzilla, de los años 60 que había), pero de lo que a nosotros nos interesaba, encontramos material, y tanto…

Pedro se llevó de la Mandarake varios Gunplas tirados de precio, y Nisa doujinshis de una de sus autoras de manga favoritas, Minami Ozaki, ya descatalogados, en perfecto estado y algunos por menos de 400 yenes (cuando en eBay pueden llegar a costar 35 euros).

En cuanto a Super Potato, es una tienda de videojuegos retro que no puedes perderte si te interesa mínimamente el mundillo o eres un nostálgico. Y es que poder jugar en directo al Virtual Boy, no tiene precio.

En el mapa puedes ver la ubicación de ambas tiendas, no son difíciles de encontrar.

Tras un par de horas cotilleando, nos entró hambre, así que paramos a comer en un restaurante de menú, de los que tanto abundan en Japón. Aunque la comida estuvo muy bien y terminamos de comprobar lo que ya te hemos contado, que el agua en las bebidas es gratis, lo realmente interesante fue la experiencia que vivimos a continuación: nos metimos en un Maid Cafe.

Si te preguntas qué es, podríamos decir que un Maid Cafe es una cafetería que se caracteriza porque las chicas que te atienden van vestidas de maid. De criadas, vaya. Sí, suena surrealista, y lo es. Básicamente irás a un local de apariencia agradable, en donde podrás tomarte un refresco, café o dulce a un precio bastante elevado. ¿Dónde está la gracia? Pues en que una de las maid se encargará de atenderte, de amenizar tu estancia con cancioncitas y demás poses monas (kawaii, como lo denominan ellos).

¿Qué decir? Fuimos porque queríamos vivirlo de primera mano, pero la verdad es que resulta un tanto desconcertante. El tipo de clientela que allí vimos eran o chicas que iban en grupo, u hombres de treinta a cuarenta años para arriba que parecían que estaban ahí para disfrutar de la atención que les diera la chica de turno. Todo, eso sí, desde un punto de vista muy respetuoso, es un lugar en donde lo que se ofrece es pasar un buen rato sin ninguna connotación extraña. En este artículo de Japonismo puedes leer más acerca de los Maid Cafe, y puesto que hablan exactamente de la misma cadena que visitamos nosotros, Mai Dreamin, te harás una idea bastante acertada de lo que son.

En Akihabara hay un montón de Maid Cafes distintos. Nosotros fuimos a un Mai Dreamin, como ya dijimos, y además de probar por primera vez la melon-soda, y de reírnos al ver que en las tarjetas que nos dieron nos dieron los títulos de Nisa princess y Pedro master, nos sacamos una foto con la maid que nos atendió. Estaba prohibido sacar fotos dentro del local, pero pagando cierta cantidad podías llegarte una minipolaroid de recuerdo que la maid decora con rotuladores permanentes de colores. La nuestra la tenemos pegada a un imán y decora la nevera de nuestra casa.

En resumen: la experiencia del Maid Café es divertida, pero bastante cara. Recomendable solo si se tiene un mínimo interés en probarlo.

Y tras la experiencia socioculinaria, regresamos al hotel. Estábamos cansados por el jet lag y por la noche íbamos a un concierto (casualmente tocaban en Tokio uno de los grupos favoritos de Nisa, Extreme), así que descansamos unas horas, fuimos al espectáculo y cenamos por los alrededores del hotel.

Al día siguiente seguiríamos explorando la ciudad, ya adaptados a los horarios y con las pilas bien cargadas.

Ver de cerca hasta dónde llega la cultura del manga y el anime en Japón.
Lo mejor de la jornada:
Lo mejor de la jornada:
La saturación que nos produjo Akihabara, acentuada por el cansancio y los efectos del jet-lag que aún arrastrábamos.
Lo peor de la jornada:
Lo peor de la jornada: