Tokio es una ciudad enorme y repleta de sitios interesantes que visitar, pero tras llevar varias jornadas en ella, sentíamos la necesidad de cambiar de aires y salir de la capital. Así que nuestro cuarto día de viaje por libre en Japón lo dedicamos a visitar Nikko, ciudad situada entre montañas, aproximadamente a 130 kilómetros al norte de Tokio. Un lugar ideal para conectar con el Japón más tradicional, puesto que por albergar importantes templos y monumentos, fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1999.

Ese día, tras comprarnos el desayuno en el konbini, nos dirigimos a la estación de Ueno para tomar el shinkansen. Puesto que viajábamos con el Japan Rail Pass, hicimos la siguiente ruta: tomar el shinkansen hasta Utsunomiya, y ahí hacer un trasbordo a un tren regional de la JR hacia Nikko.

Ruta de trenes para ir desde Tokio a Nikko, via HyperDia

Hemos puesto una captura orientativa de la ruta, sacada de HyperDia. Te recomendamos que utilices esta web gratuita para planificar tus viajes en tren por el país (puedes leer el tutorial sobre cómo usar HyperDia aquí, es muy sencillo). Como puedes ver, en total se tarda aproximadamente un poco más de hora y media en llegar a Nikko. Aprovecha el trayecto para observar el paisaje y ver cómo todo se transforma una vez el tren se aleja de la gran urbe.

La estación de trenes de la JR de Nikko se encuentra bastante cerca de donde se ubica la zona de interés histórico, cultural y artístico. Se puede ir hasta allá en guagua (en bus, vaya; salen muy cerca de la estación de trenes) pero nosotros decidimos ir andando y lo cierto es que lo recomendamos. Aunque es un camino en cuesta (pendiente suave), se tarda apenas media hora y el paseo, además de permitirte estirar las piernas tras el viaje, te da la oportunidad de ver de cerca cómo es la vida en un pequeño núcleo urbano japonés y, sobre todo, detalles que de otra forma pasarían desapercibidos a tus ojos.

Por ejemplo, en nuestro ascenso nos acercamos a la orilla del río Daiya y no muy lejos encontramos un pequeño santuario con toda la pinta de ser vecinal, en el que había tablillas ema. No había nadie alrededor, ni siquiera vimos un cartel que indicase que había que dar un donativo para dejar un mensaje en una de las tablillas, así que ahí fue donde escribimos nuestra primera tablilla ema en Japón.

La entrada al Parque Nacional de Nikko no tiene pérdida, no solo por los carteles, sino porque te topas con el impresionante y bonito Shinkyo. Este puente rojo da la bienvenida al viajero, y aunque lo puedes contemplar perfectamente en la lejanía, por el pago de una entrada puedes atravesarlo (no fue nuestro caso).

Has de tener en cuenta a la hora de preparar tu visita que Nikko se encuentra en medio de montañas. Es una zona preciosa, pero en la que tiende a hacer frío. Dependiendo de la época del año en la que vayas a Japón, esto cambiará, pero te podemos asegurar que en abril, cuando fuimos nosotros, hacía bastante fresco y humedad. Algo muy importante que debes tener en cuenta, es que en muchos de los templos de Nikko (en Japón en general) no puedes entrar con zapatos, sino que tienes que descalzarte. Hay taquillas donde dejar el calzado a buen recaudo mientras estás dentro del templo en cuestión, por eso no hay problema. Sin embargo, recomendamos llevar unos buenos calcetines, gruesos preferiblemente, porque a nosotros nos calaba el frío por los pies al llevarlos finos, y presentables… Está muy mal visto en el protocolo japonés tener tomates en los calcetines (vamos, agujeros por los que asomen los dedos). A Nisa le pasó (gafe que es ella), y vale, que por ser guiri (gaijin) no te van a decir nada, pero el rato de apuro lo pasas igualmente, así que si puedes evitarlo, mejor 😉

Para visitar los templos de Nikko hay que descalzarse, así que te recomendamos que el día de tu visita lleves calcetines gruesos y en buen estado. Es de muy mala educación para los japoneses llevar rotos los calcetines…

Una vez pasas el puente y subes otra cuesta, llegas a lo que es el inicio de la zona de templos. Cuando nosotros fuimos, en el año 2012, podías comprar una entrada combinada (combination ticket, o pronunciada a la japonesa, combine ticketo) que por 1000 yenes te permitía la entrada al templo Rinno-ji, al mausoleo Taiyuin-byo, al santuario Tosho-gu y al santuario Futarasan, pero según hemos visto en la web Japan Guide, ya no se vende este ticket combinado, sino que se han de comprar individualmente las entradas de cada templo que se desee visitar.

Si te estás preguntando a cuál de estos templos deberías ir, lo cierto es que te recomendamos que entres en todos. Piensa que quién sabe si volverás a visitar Japón (¡ojalá que sí!), pero hay oportunidades que solo se dan una vez en la vida, y ver de primera mano templos con tanta historia vale la pena. Como puedes apreciar en las fotos que conforman la galería de abajo, no tomamos imágenes (ni fotos ni vídeos) en el interior de los templos porque estaba prohibido por temas de conservación, pero te aseguramos que impresionan tanto como el exterior.

Algo que nos gustó mucho, fueron las esculturas de los establos sagrados del santuario Tosho-gu, en concreto la que representa a los tres monos sabios.

Los tres monos sabios, en el templo de Toshogu en Nikko

Popularmente, se les atribuye el “no escuchar el mal, no decir el mal, no ver el mal”. Sus nombres son Mizaru, Kikazaru e Iwazaru, y forman parte de una historia contada en ocho retablos. Cerca hay unos paneles explicativos con traducción al inglés de lo que significa cada pasaje. Se pueden ver en la siguiente galería, y los traducimos a continuación:

Una mona madre trata de vislumbrar el futuro de su hijo, y el pequeño mira a su madre.

Tres monos nos dicen que el pequeño debe “no ver el mal, no decir el mal, no escuchar el mal”.

El niño ya es adulto e independiente.

Tiene grandes ambiciones.

La vida le hace sentirse frustrado y, desesperado, mira desde el borde del precipicio mientras uno de sus amigos trata de animarlo.

Sufre mal de amores.

Una nueva pareja está a punto de emprender su viaje surcando las olas de la dura convivencia.

La mona está esperando un hijo, y regresamos al punto de partida.

Da que pensar, ¿verdad?

Para restarle un puntillo filosófico a este diario, rematamos la galería con una foto de un guardián rojo… y otro guardián, aunque no tan rojo 😛

Una vez terminamos de visitar todo el conjunto de templos, decidimos regresar al pueblo y buscar un sitio donde comer. Casualmente un señor nos dio un ticket de descuento en un restaurante familiar de ramen, y ahí entramos. Hacía frío, y junto con los dos ramen que nos pedimos teníamos de beber té caliente gratis, así que no tardamos en entrar en calor. Comimos en una barra que daba a un ventanal, viendo cómo un nutrido grupo de japoneses se dirigía al mismo local.

Hucha de hojalata de los tres monos sabios, c omprada en Nikko

Por cierto, en el restaurante vendían también recuerdos de Nikko, y no pudimos evitar llevarnos esta hucha de hojalata que a día de hoy seguimos usando para llenarla con calderilla. En nuestra casa ya se ha popularizado la expresión “darle de comer a los monos” cada vez que hay monedillas sueltas que echar a la hucha… Tras eso, regresamos a Tokio, dimos una vuelta por Akihabara (sí, ¡viva el contraste japonés!) y al hotel a descansar, cenar y… hacer la colada. Sobrevivimos a la lavadora de monedas.

Descubrir el Japón histórico en un contexto de naturaleza y paz alejado del bullicio de la capital.
Lo mejor de la jornada:
Lo mejor de la jornada:
Los agujeros en los calcetines de Nisa al descalzarse para entrar a los templos. El antiprotocolo japonés personificado.
Lo peor de la jornada:
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