Nuestro último día en Tokio en la primera parte del viaje por libre a Japón (los últimos días los pasamos también en la capital nipona) estuvo dedicado al barrio de Harajuku y, en especial, el popular parque de Yoyogi.

Era un domingo, y nuestro plan era acudir a Yoyogi y disfrutar de las concentraciones de personas haciendo cosplay, de los miembros de diversas tribus urbanas y de los rockabilles del Tokyo Rockabilly Club que cada domingo acostumbran ir allí a bailar, pero esto de viajar implica contar con que se pueden presentar imprevistos… como fue nuestro caso en forma de lluvia.

Sí, cayó una lluvia de primavera sobre Tokio, fina pero constante, lo suficientemente duradera como que todas las personas mencionadas cancelaran sus planes… Y es que es tanto el esmero con el que se preparan para disfrutar cada domingo a sus anchas que si la lluvia se presenta, no hacen acto de presencia (imaginamos que por los trajes y el maquillaje que suelen lucir). Así que nuestro gozo acabó en un pozo.

Aun así, disfrutamos de la jornada. La forma más sencilla de llegar a Yoyogi es ir en la Yamanote Line hasta la estación de Harajuku y adentrarse desde ahí en dirección al Santuario Meiji. Sin embargo, nosotros queríamos acceder al parque por otra entrada y decidimos ir hasta Shinjuku y ahí tomar la línea privada Odakyu Odawara hasta la estación de Sangubashi (una estación).

De esta forma, tras atravesar una frondosa arboleda (el tamaño de los árboles te hace olvidar que estás en medio de una gran ciudad), llegas al famoso santuario Meiji, en donde si tienes suerte, podrás ver una boda sintoísta. Nosotros la vimos, curiosamente entre una mujer japonesa y un hombre extranjero. Puedes contemplarla desde lo lejos, pero lo suficientemente cerca como para contemplar los vestidos, las familias congregadas, cómo se hacen las fotos y demás. Al albergar el santuario Meiji uno de los templos más populares de la ciudad (por no decir el que más), son muchas las parejas que lo eligen como escenario de su enlace.

El santuario Meiji y su templo es el más popular entre las parejas que quieren contraer matrimonio en Tokio, así que si vas a visitarlo, es muy probable que puedas presenciar en directo parte de la ceremonia sintoísta.

Tras ello nos dedicamos a curiosear tablillas ema (siempre es simpático ver los dibujos que dejan en ellas los japoneses, o buscar mensajes en inglés o español). Las del santuario Meiji cuestan 500 yenes, y si cotilleas entre ellas, puedes ver algunas tan simpáticas como las que mostramos en la siguiente galería.

Tras pasear un rato más por Yoyogi, decidimos dar una vuelta por Harajuku. Es un barrio de lo más curioso, pero lo cierto es que si no te interesa demasiado la moda y la estética de las diversas tribus urbanas que tienen al barrio como su templo, tampoco de pierdes mucho. En nuestro caso, recorrimos entera la calle comercial, Takeshita Street, y poco más. Ya habíamos hecho la parada en el DAISO, y decidimos dejar la visita a Omotesando (la larga calle comercial de las firmas de moda, en donde está una tienda muy interesante para adquirir souvenirs japoneses, llamada Oriental Bazaar) para la recta final del viaje.

Decoración de la tienda Tamagochi en Harajuku

De paso, en Harajuku terminamos de comprobar lo mucho que les gusta el Barça y el Real Madrid a los aficionados nipones al fútbol…

Tienda de fútbol vista en Harajuku, con equipaciones del F.C. Barcelona y el Real Madrid

Tras almorzar por ahí decidimos darnos un salto por Akihabara y frikear un ratito. Cosa curiosa: encontramos una tienda en donde sí dejaban sacar fotos dentro, pero solo a determinadas figuras. Algo es algo.

Por la tarde dimos el último paseo por Ueno y recorrimos entero el Ameyoko hasta llegar a la estación de Okachimachi, por cuyos alrededores curioseamos y acabamos entrando en un edificio que albergaba una cadena de grandes almacenes donde nos compramos una plancha para hacer takoyaki, así como otros instrumentos para prepararlo (la jarrita para verter la masa, los pinchos para darles la vuelta a las bolitas de pulpo y el pincel para untarlos de salsa). Lamentablemente, al llegar a casa descubrimos que el convertidor de corriente no funcionó como debiera y se quemó la plancha al primero intento (megafail), pero bueno, poco después descubrimos que con una plancha para hacer popcakes, de esas que tan de moda se pusieron hace un par de años y que funcionan con el voltaje español, se pueden hacer también takoyaki sin problemas.

Nos retiramos a descansar. Al día siguiente tocaba arrastrar de nuevo la maleta hasta la estación de trenes de Ueno y tomar el Shinkansen. Nuestro destino: Kioto, capital de Japón durante mil años, poseedora de numerosos monumentos declarados Patrimonio de la Humanidad. En el camino haríamos una parada en Nagoya para visitar su castillo.

Presenciar parte de una boda sintoísta en el parque de Yoyogi.
Lo mejor de la jornada:
Lo mejor de la jornada:
Por la lluvia nos quedamos sin ver a los rockabillies que acuden a bailar a Yoyogi cada domingo 🙁
Lo peor de la jornada:
Lo peor de la jornada: