Una de las mejores cosas que Japón le ofrece al viajero que va por libre, es que su eficiente sistema ferroviario da pie a la improvisación. Por ejemplo, tras nuestra llegada a Kioto teníamos previsto pasar el primer día completo en la ciudad allí, visitando algunos de sus muchos templos, y hacer al siguiente una excursión de ida y vuelta a Nara, pero una vez en Kioto nos apetecía invertir el orden de los planes. Así que en nuestro noveno día por Japón visitamos la vecina ciudad de Nara, uno de los parajes más bonitos y pintorescos del país.

Ejemplo de ruta para ir de Kioto a Nara con el Japan Rail Pass, HyperDia

Empezamos el día levantándonos pronto (y comprobando que Japón sí que es el país del sol naciente, porque anda que no amanece temprano) y poniendo rumbo a la estación de trenes, donde desayunamos tras comprarnos unos bollos riquísimos en una de las muchas tiendas de The Cube (de hecho, Nisa afirma que el mejor bollo que se ha comido en la vida lo vendían ahí) y nos dispusimos a coger un tren local a Nara tras haber consultado la noche anterior en HyperDia, gracias a la conexión gratuita a Internet de la que disponía el ryokan, a qué hora y desde qué andén salía. Con puntualidad japonesa partió, y apenas una hora después estábamos en la estación de la JR de Nara. Nada más poner un pie en dicho territorio, nos topamos con el que es su símbolo por excelencia: los ciervos, primero en forma de simpático cartel, luego en forma de sello para estampar. Tras caminar unos quince minutos en línea recta desde la estación y atravesar una parte de la ciudad, llegamos al inicio de lo que es la zona del parque de Nara, en donde un lago da la bienvenida con la silueta del templo Kofuku-ji de fondo.

Tras alucinar un buen rato con la cantidad de tortugas arremolinadas sobre unas piedras en el lago (y es que hacía un sol de justicia aquel día), nos topamos con los primeros ciervos salvajes de Nara

Cuenta la leyenda que los ciervos han morado Nara desde hace más de 1000 años y que desde entonces viven por sus parajes en libertad, al ser considerados portadores de los dioses. En términos prácticos, esto se traduce en dos cosas: la primera, que en Nara vas a ver muchos ciervos, Friki Viajero, campando a sus anchas, ya sea dormitando a la sombra, curioseando los alrededores, o llevando a cabo su mayor afición: pedirle comida a los visitantes.

Se cuenta que los ciervos llevan viviendo más de 1000 años libremente en Nara, por donde están a sus anchas y tan ricamente. El ciervo es considerado un mensajero de los dioses según la tradición y protector de la ciudad.

Y es que Nara es uno de los enclaves más visitados del país por su combinación de templos históricos y simpáticos habitantes, así que los ciervito-san (como los llamábamos nosotros) están más que habituados a que la gente compre galletas especiales para ciervos que venden en los puestillos, o incluso vendedores por las calles.

Es una pasada comprobar cómo en cuanto te acercas a un vendedor o puesto de galletas, los ciervos empiezan a agruparse y a acorralarte. Dame de comerrrrr, humanoooo, dame de comerrrrr…

Alimentar a los ciervos es muy divertido (tanto o más que observar a los grupos de estudiantes de instituto y peques de parvulario de excursión con sus uniformes), y el paquete con varias galletas bastante grandes solo costaba 150 yenes, pero ¡ojo!, porque los ciervos también tienen tendencia a comerse cualquier cosa apetecible que lleves encima. A nosotros no nos pasó, pero conocemos a otros Frikis Viajeros que se quedaron sin mapas de papel porque un lindo ciervito-san se lo zampó como merienda. A lo largo de Nara se pueden ver carteles tan curiosos como los que mostramos a continuación, en los que se recalcan que los ciervos viven en libertad y que, aunque pacíficos, no dejan de ser animales salvajes que pueden tener comportamientos imprevisibles.

Panel de cuidado con los ciervos en Nara, Japón

Por lo visto a veces también pasan a la carretera, así que hay señales de advertencia a lo largo de las que atraviesan el parque de Nara.

Señal de cuidado ciervos, en Nara, Japón

Como se puede apreciar, lo de las galletas para ciervos en este lugar es inevitable… Creemos recordar que compramos tres paquetes en total.

Señales de cuidado con los ciervos en las carreteras de Nara, Japón

El área de interés en Nara es amplia. Se puede visitar desde el templo de Todai-ji, que alberga una enorme estatua de Buda, a pasear por sus zonas de bosques y perderse en ellas. Como siempre, recomendamos empezar las excursiones a primera hora de la mañana, pues es la mejor forma no solo de evitar las horas de mayor calor al mediodía, sino de darle esquivazo a las aglomeraciones. No sabemos si por las fotos se aprecia bien, pero pudimos disfrutar de Nara sin demasiada gente. Era un día entre semana, eso sí, pero cuando ya estábamos emprendiendo el regreso a la zona de la ciudad a eso de la una del mediodía, había muchos más visitantes por los alrededores que cuando empezamos la ruta.

Vale la pena deambular sin rumbo, disfrutar de la belleza del paisaje y su quietud, observar a la gente y perderse en uno de los rincones con mayor encanto de todo Japón.

Nota curiosa: la última foto de la galería de abajo, en la que se nos puede ver a los dos posando junto a un torii, fue sacada por otra pareja española. Dicen que los españoles tenemos un don innato para encontrarnos con otros españoles en cualquier rincón del mundo y entablar conversación amena sobre la marcha, y en nuestro caso así suele ser 🙂

Si somos sinceros, no sabríamos señalar en un mapa por dónde andamos en Nara, solo podemos afirmar que cada sendero y cada ruta entre árboles nos pareció mágica. En primavera aquello es precioso, pero nos han dicho que en otoño, con el color rojo de las hojas de los árboles, simplemente te quedas sin palabras. ¡Ojalá alguna vez podamos repetir!

Entre templos, tablillas ema y más ciervos, decidimos emprender el camino de regreso, no sin antes detenernos en alguna de las tantas máquinas expendedoras de bebidas que encontramos ya fuera del parque para combatir el calor. Antes de regresar a la zona de la ciudad, vimos grupos de niños de excursión, con sus característicos gorritos amarillos como parte del uniforme escolar.

Justo a la salida del parque de Nara, nos metimos en un restaurante donde nos zampamos el primer okonomiyaki que nos comimos en Japón, y que se convirtió, hasta la fecha, en uno de nuestros platos preferidos de la gastronomía japonesa. Es una especie de tortilla o pizza, una masa hecha de harina, distintas verduras (sobre todo col), jengibre y huevo, a la que se le pueden añadir ingredientes como carne, pescado o marisco, y que se sirve con salsa tonkatsu, algas trituradas y escamas de atún (katsuoboshi). Se cocina en directo en una plancha y está delicioso. La madre de Pedro se animó a prepararlo siguiendo una receta que le pasamos, y desde entonces nosotros mismos solemos prepararlo en casa a menudo porque nos encanta.

Okonomiyaki que nos comimos en Nara, Japón

Culminamos el día en Nara paseando por sus calles comerciales, donde encontramos un helado de té verde buenísimo en una tiendita por solo 105 yenes. Y tras ello, tomamos el tren de regreso a Kioto, en donde dimos una vuelta antes de retirarnos al ryokan. Tocaba ponerse el yukata y hacer la colada en la lavadora de monedas… Y descansar, que al día siguiente nos aguardaban los secretos de Kioto

Lavando la ropa en la lavadora de monedas del ryokan Sakura Kaede, en Kioto
El encanto de Nara y los ciervos que campan libremente.
Lo mejor de la jornada:
Lo mejor de la jornada:
Como te despistes, los ciervos se zampan todo lo que llevas encima, je, je.
Lo peor de la jornada:
Lo peor de la jornada: