Tal y como contamos en el anterior diario, en el planteamiento original de nuestro viaje teníamos previsto pasar una noche en Fukuoka para al día siguiente visitar Beppu, conocida ciudad balneario en Kyushu. Sin embargo, la previsión del tiempo anunciaba lluvias copiosas para la jornada en todo el país, así que decidimos alterar los planes y en lugar de viajar al sur, hacia Beppu, regresar a la isla principal del archipiélago japonés (Honshu) y llegar a Osaka un día antes de lo previsto.

Así que nos subimos al Shinkansen y, en efecto, durante las casi tres horas de trayecto pudimos ver a través de las ventanas que no dejaba de llover pese a la cantidad de kilómetros que recorrimos.

Ruta desde Fukuoka a Osaka en Shinkansen, guía de HyperDia

Cuando llegamos a Osaka, cómo no…, seguía lloviendo. Aunque no lo suficiente como para no poder ir hasta el hotel caminando con tranquilidad.

En Osaka hay dos estaciones de trenes principales: Shin-Osaka y Osaka. El Shinkansen para en Shin-Osaka, y dicha estación está un poco alejada del centro. En Osaka paran los trenes regionales e internos. Ambas estaciones están unidas por el tren JR Special Rapid Service, que las conecta en apenas 4 minutos.

Puesto que el Shinkansen para en la estación de Shin-Osaka, habíamos reservado habitación en un hotel cercano a dicha estación, el Shin-Osaka Station Hotel. Cuando llegamos, explicamos en recepción que teníamos reserva para el día siguiente (un total de dos noches) y preguntamos si sería posible ampliar la reserva a tres noches y quedarnos también ese mismo día. No hubo problema, y tras hacer el check-in, nos dirigimos a la habitación. Es un hotel de estilo occidental, cómodo y con una buena relación calidad-precio.

Shin-Osaka Station Hotel, nuestro hotel en Osaka junto a la estación del Shinkansen

La previsión del tiempo en Japón es muy precisa. De hecho, fue instalarnos en la habitación y empezar a caer chuzos de punta. En vistas a que tenía pinta de que iba a llover bastante más, que estábamos cansados, pues llevábamos prácticamente dos semanas viajando sin parar, y que los planes para ese día los habíamos alterado por completo, decidimos que nos merecíamos una tarde de relax y nos quedamos a lechugar en la habitación. Tiempo de consultar Internet, de ver béisbol en la televisión japonesa, o comprobar que cada día dejaban sobre la cama dos grullas de origami (que nos trajimos a casa de recuerdo) y un set de productos cosméticos femeninos muy monos.

Cuando caía la noche, tomamos unos paraguas prestados de la recepción del hotel y buscamos un sitio cerca de la estación donde cenar. A la vuelta estuvimos un rato en la zona común del hotel cerca de la recepción, pues contaba con un ordenador comunitario conectado a Internet y una completa biblioteca de manga. Toma ya. Por cierto, nos trajimos de una tienda de la estación una deliciosa tarta de queso de Kobe que nos zampamos esa misma noche…

Y a la mañana siguiente, a madrugar, que tocaba recorrer Osaka.

Como dijimos antes, las estaciones de Shin-Osaka y Osaka están conectadas por un tren interno de la JR que se puede usar gratuitamente con el Japan Rail Pass. Así que tomamos dicha línea y en cinco minutos ya estábamos en la estación central de Osaka. Había dejado de llover, así que teníamos los ánimos renovados.

En Osaka, al igual que en Tokio, hay una serie de trenes de la JR que actúan a modo de metro, pero que van sobre la tierra y que recorren los principales puntos de interés de la ciudad. La línea circular de Osaka se llama Loop Line y es ideal, porque te permite ir a muchos de estos lugares que convierten a esta ciudad en única. Se puede usar la Loop Line, así como las demás líneas de la JR que recorren Osaka, gratuitamente con el Japan Rail Pass.

Tren interno de la JR en Osaka

Nosotros decidimos empezar la jornada visitando las inmediaciones del famoso castillo de Osaka, y para ello tomamos la Loop Line hasta la estación de Osakajokoen. La estación da a las inmediaciones del parque que rodea al castillo, un paseo muy agradable.

Una de las cosas que tiene el viajar, es que uno llega a desconectar del todo… Cuando llegamos a la estación, nos llamó la atención la cantidad de gente que había. Siendo Japón, bueno, no es algo raro, y menos en una gran ciudad como esa, pero al salir de la estación, vimos que muchos de ellos llevaban pancartas, megáfonos, banderas… y caímos en la fecha: era 1 de mayo, Día internacional de trabajo. Así que, curiosos, dedicamos un rato a observar las manifestaciones de los trabajadores y sindicatos japoneses. Y en Japón, donde hay mucha gente, hay comida. ¿Cómo resistirse el olorcillo de unos ricos takoyaki recién hechos?

Tras el tentempié, tocaba dirigirse hacia el castillo. Los numerosos grupos de escolares en excursión tenían el mismo objetivo 🙂

Escolares de excursión hacia el castillo de Osaka

Visto desde fuera, el castillo de Osaka es precioso. Decidimos no entrar, y dedicar cerca de una hora a disfrutar del buen tiempo, curiosear los alrededores, observar a la gente y, cómo no, hacer el friki, que es lo que mejor se nos da.

Una de las cosas que más nos apasionan de los japoneses, es su capacidad para hacer señales de lo más curiosas. Que sí, que normalmente intentan suavizar con muñequitos monos prohibiciones estrictas y demás órdenes, pero es imposible no reparar en ellas.

Tras el paseo, nos dirigimos a nuestro siguiente destino, para lo que volvimos a la estación a coger el tren. Y encontrarte en el vagón un anuncio de una bebida en la que sale Tsubasa (en España Oliver Atom de toda la vida; el título original de Oliver y Benji es Captain Tsubasa, ojo al dato), no tiene precio.

Anuncio de una bebida con Captain Tsubasa (Oliver Atom) en un tren de Osaka

Si te preguntas a dónde íbamos, la respuesta es directa: queríamos visitar el Acuario de Osaka, más que nada por curiosidad y por probar algo diferente. El Kaiyukan está considerado como uno de los acuarios más grandes del mundo, y la forma más sencilla de llegar es a través del metro, bajando en la parada de Osakako Station de la línea Chuo. Y sin embargo, nosotros, Frikis Viajeros, fuimos a lo complicado, que suele ser más divertido…

Resulta que en la teoría (mirando el mapa, claro) comprobamos que hay una línea de tren de la JR que lleva hasta el parque de los Universal Studios de Japón. Ilusos de nosotros, dimos por hecho que habría alguna forma sencilla de ir desde allí hasta el acuario, así que tomamos la línea Sakurajima hasta la parada de Universal City

Ñec. Error.

Estuvimos casi cuarenta minutos vagando por los alrededores del Universal Studios, comprobando bajo un cielo un tanto plomizo que aquello era una zona portuaria pura y dura. A la japonesa, eso sí (limpia y sin nadie extraño por los alrededores), pero no había ni un alma. Al final, tras deshacer nuestros pasos, vimos que el acuario sí que estaba cerca, pero en la orilla contraria.

Movidos por la curiosidad (quién sabe si por el instinto), bajamos por una rampita y vimos un cartel que nos hizo soltar una carcajada de gracia y a la vez alivio: resulta que hay un ferry que conecta ambas orillas cada quince minutos, y que su uso es gratuito. La cara de Pedro en la foto lo dice todo cuando vimos el barquito en cuestión. Pequeñito, pero matón. Nos subimos con una señora mayor y una chica que iba con su bebé en bicicleta, y en apenas unos minutos estábamos en la orilla del acuario.

Así que si vas a Osaka y quieres vivir una auténtica experiencia urbana portuaria nipona, ya sabes…

Tras el minicrucero, llegamos a la explanada del acuario, junto al que se alza una gran noria y el centro comercial Tempozan, del que hablaremos luego. En lo que al acuario en sí respecta, la verdad es que si te interesan mínimamente este tipo de atracciones, recomendamos la visita. La entrada no es lo que se dice barata, pero si estás por la ciudad tienes la oportunidad de visitar uno de los acuarios más variados y cuidados del planeta. En su web puedes encontrar información de utilidad.

Las normas (y el sentido común) indican que no se puede sacar fotografías con flash para no dañar a los animales. Así que las fotos que puedes ver a continuación son, básicamente, las únicas que salieron decentes.

Por cierto, como no podía ser de otra forma, en el acuario había estampus (sellos conmemorativos)¡A por ellos que fuimos!

Por muy distintas que sean las culturas que hay en la Tierra, te das cuenta de que la curiosidad e inocencia de los niños es la misma vayas donde vayas.

Acuario de Osaka

De toda la fauna marina que se puede observar en el acuario, a Nisa le fascinó el tanque de las medusas (los lectores de Murakami sabrán por qué). Qué complicado es fotografiarlas sin flash, por cierto…

Pasamos aproximadamente dos horas visitando el acuario, y una vez salimos, nos dirijimos al centro comercial que mencionamos antes, el Tempozan. La verdad es que no esperábamos demasiada cosa, más allá de encontrar algún sitio donde comer algo, pero menos mal que nos decidimos a entrar, porque encontramos un lugar que recomendamos si se está por la zona: dentro del centro comercial hay una imitación de la típica calle comercial japonesa repleta de puestillos de comida diversa, el Naniwa Kuishinbo Yokocho. Es divertidísimo y la oferta culinaria, abrumadora.

Además de picotear un par de cosillas, y de hacernos la primera foto con la Torre del sol (seguro que los amantes del mangaka Naoki Urasawa ya saben por qué), nos decidimos por zamparnos unos okonomiyakis que nos supieron a gloria.

Y de postre, unos taiyaki, el clásico bollo japonés de masa relleno de crema, chocolate, pasta de judías dulces… El puestillo en el que lo compramos tenía, además, un gorro con forma de taiyaki que podías ponerte en la cabeza para sacarte la foto chorra de turno. Y claro…, ¿cómo no íbamos a hacerlo? La duda ofende 😛

Para bajar la comida nos dedicamos a cotillear el centro comercial. Entre otras tantas tiendas curiosas, inclusive de todo a 105 yenes, vimos dos que captaron nuestra atención: una dedicada enteramente a Hello Kitty, y otra dedicada al archiconocido manga (y adaptación al anime) One Piece, del mangaka Eiichiro Oda. Solo diremos que un fan de dicha serie alucinaría ahí dentro.

Ya era primera hora de la tarde y el día había sido completo, pero lo mejor estaba por llegar… De nuevo tomamos el ferry para volver a la otra orilla y tomar el tren de la JR con dirección a la estación de Osaka. Queríamos visitar la archiconocida Dotonbori (o Dohtonbori), y gracias a los trenes internos de la JR, con el Japan Rail Pass se puede llegar fácilmente sin tener que pagar el metro. Lo más sencillo es cojas la Loop Line hasta Shin-Imamiya y ahí hagas transbordo a la linea Yamatoji y bajes en la estación de Namba. De Namba a la Dotonbori hay un paseo de unos 10-15 minutos.

Paseo durante el cual ya podrás ver cosas curiosas, como este edificio que tanto nos llamó la atención. Luego, a base de buscar en Internet, descubrimos que es un love hotel

Y así, llegamos por fin al que se convirtió en uno de nuestros lugares favoritos del japón moderno: la Dotonbori.

Cartel de la Dotonbori de Osaka

Si conoces Londres, para que te hagas una idea, la Dotonbori viene a ser una especie de Candem Town pero a la japonesa. Dicho en palabras universales, es una zona comercial cuya calle principal se ha hecho famosa por los enormes (y geniales) carteles de los establecimientos, principalmente restaurantes, que hay por doquier. Cangrejos articulados, pulpos gigantes que anuncian takoyaki, dragones con cuencos de ramen…

Cuando estás paseando por la Dotonbori, tu atención irá de los carteles a la gente, te distraerán los olores de los puestillos, los escaparates con réplicas de comida, los reclamos publicitarios… Pero lo mejor de todo, es que te lo pasas bomba porque se respira muy buen rollo. Dicen que la gente de Osaka es la más simpática de Japón, que tienen un dialecto propio y que de esta región son las típicas parejas de comediantes. Aunque no entiendas ni papa de japonés, algo notas en el ambiente.

Así que el mejor consejo que podemos darte es que te tomes tu tiempo en recorrer la calle principal, porque la Dotonbori no es solo eso, ni mucho menos…

Cartel gigante en la Dotonbori de Osaka

A todas estas, nos pasamos la mitad del paseo sopesando dónde íbamos a cenar, porque todo tenía una pinta… Takoyaki calló (otra vez), aunque nos pareció surrealista que se formaran colas delante del puestillo con la cantidad de sitios para comer que había, pero a juzgar por lo ricas que estaban las bolas de pulpo, su razón había.

Una vez recorrimos entera la calle principal, decidimos meternos por las callejuelas adjuntas. La zona está repleta de calles comerciales, y al toparnos con un salón recreativo, comprobamos con agrado que allí en Osaka no hay las restricciones que nos encontramos en Akihabara (Tokio), puesto que no prohibían sacar vídeos o fotos. Así que pudimos echar unas partiditas al Taiko Drum Master e inmortalizar el momento. Además de flipar con un chavalín que no debía de tener más de ocho años y le daba a los tambores con un arte que más de uno quisiera…

Terminamos el paseo en el canal que hay justo detrás de la calle principal de la Dotonbori, donde se encuentra el famoso cartel luminoso de Glico. Cuando llegamos aún estaba apagado, así que esperamos hasta que lo encendieron, y tras echarle un poco de paciencia, conseguimos que alguien nos sacara una foto con él (salió un poco cortada, pero bueno, je, je).

Finalmente nos animamos a cenar en un restaurante de barbacoa japonesa que estaba por ahí cerca, en el canal. La barbacoa japonesa es una barbacoa de gas situada en medio de tu mesa. Pides el menú que quieres, te traen los ingredientes troceados, las guarniciones y acompañamientos, y te los haces tú mismo a tu gusto. Divertida, rica e ideal para charlar tranquilamente. Curiosidad: entre los acompañamientos, había kimchi, la col fermentada picante típica coreana. A Pedro no le gustó. Nisa se comió las dos raciones.

Tras la experiencia culinaria, tocaba regresar a Namba e ir en tren hasta la estación de Osaka, conectar con Shin-Osaka y recalar en el hotel.

Niña con mochila de Anpanman

El tiempo nos acompañó ese día, pero fue el último bueno que tuvimos en nuestro viaje a Japón. Al día siguiente, el cual pasamos también en Osaka, volvió a llover y de forma copiosa. Algo que ocurriría durante las dos últimas jornadas de viaje en Tokio. Al mal tiempo, buena cara, que aún nos quedaban cosas por vivir.

La Dotonbori. Simplemente genial su ambiente.
Lo mejor de la jornada:
Lo mejor de la jornada:
Perdernos en medio del puerto de Osaka sin saber llegar al acuario... Aunque gracias a eso, acabamos viajando en el pequeño ferry que une ambas orillas y nos encantó la experiencia 😛
Lo peor de la jornada:
Lo peor de la jornada: