Nuestra aventura por tierras japonesas iba llegando a su fin, y en el día 18 de nuestro viaje por libre tocaba subirse en el Shinkansen una última vez para viajar desde Osaka a Tokio, punto de inicio y también de partida, puesto que ahí íbamos a pasar las dos últimas jornadas.

Ruta de Osaka a Tokio, captura de HyperDia

Teníamos la esperanza de que cuando regresásemos a la capital la lluvia amainase, pero no fue así… Nada más salir de la estación de Ochanomizu (a la que se puede llegar en pocos minutos por un tren de la JR que sale desde Tokyo Station), nos topamos con la realidad: que seguía haciendo falta llevar el paraguas.

Así que bajo el plastiquito transparente, nos dirigimos caminando hacia el hotel. Nos habían recomendado el Edoya, cerca de Akihabara, así que lo reservamos para dos noches. Es un hotel de estilo tradicional japonés, así que lo pedimos con futón. Sus mayores encantos son que cuenta con dos ofuros al aire libre en la azotea (uno para mujeres, otro para hombres) y desayuno japonés incluido en la tarifa, pero a nosotros el hotel en global nos resultó un poco decepcionante. Eso sí, tal y como hemos dicho, muchas veces la impresión que uno se lleva no es buena porque llegas en un mal momento para el establecimiento, como fue en nuestro caso: llovía tanto en Tokio que el piso inferior del Edoya, es decir, la zona de recepción y sala de estar común, estaba totalmente inundada. El suelo de moqueta, empapado, todo olía a humedad y en nuestra habitación hacía un calor bochornoso que hubo que combatir, como se aprecia en la foto, de cualquier manera posible…

Habitación en el hotel Edoya, Tokio

Además, como no dejó de llover durante nuestra estancia, ni probamos el ofuro. El desayuno no estaba nada mal, y nos permitió descubrir lo que muchos japoneses toman como primera comida del día: arroz blanco con huevo crudo batido por encima, enrollado en alga nori cortada en pequeños trozos. Muy rico, la verdad, lo hemos preparado un par de veces en casa a posteriori.

El Hotel Edoya, en Tokio, es muy popular entre clientes extranjeros. A nosotros nos pareció que estaba un poco viejo, pero tiene desayuno incluido y está a unos 15 minutos de paseo de Akihabara.

Como puedes ver en esta última entrada del diario de viaje a Japón, apenas hay fotos, y ello se debe a que teníamos prácticamente llenas las tarjetas de memoria… Algo que ya no nos volverá a pasar, ¡de la experiencia se aprende!

Esos dos lluviosos días en Tokio los dedicamos, básicamente, a hacer las últimas compras. Aprovechamos para regresar a Harajuku e ir al Oriental Bazaar en Omotesando para hacernos con recuerdos para la familia, y como Akihabara estaba muy cerca del hotel, Pedro aprovechó para comprar Gunpla de segunda mano.

Tokio bajo la lluvia de mayo

El último día decidimos regresar a Ueno para dar una vuelta por el parque, pero como seguía lloviendo, nos metimos en el Museo de Naturaleza y Ciencia de Japón, algo por lo que optó también un buen número de familias japonesas, puesto que aquello estaba hasta la bandera. Una visita interesante, que nos sirvió además para descubrir que Hachiko está disecado y conservado en dicho museo…

Haciendo el friki en Akihabara

Esa noche empezamos a andar por los alrededores del hotel, buscando un sitio para comer (sí, parece mentira, pero en Tokio un domingo a las 8 de la tarde, no es tan fácil encontrar dónde cenar), y acabamos en un MOS Burger de Akihabara, a esas horas casi desierta porque muchos comercios ya estaban cerrados, bella bajo la lluvia, que le daba un aire irreal.

Regresamos al hotel y tratamos de descansar, aunque como debíamos madrugar considerablemente para ir a Tokyo Station y tomar el primer Narita Express (no olviden que hay que reservar asiento con el Japan Rail Pass, incluso si van de Tokyo Station a Narita), nos pasamos la noche con un ojo medio abierto pendientes de cuándo sonaría el despertador.

Dieciséis horas de viaje después (doce de Tokio a Zúrich, otras dos de Zúrich a Madrid), llegamos a España. En curioso, pero el viaje de ida a Japón es más llevadero porque por la dirección en la que vas, ves anochecer y pasas varias horas a oscuras en el avión, pero durante el viaje de vuelta el sol nunca se pone. Esto, a efectos de jet-lag, es demoledor. Esa noche la pasamos en Madrid, de nuevo en el Hotel Auditorium, y al día siguiente partimos hacia Gran Canaria a primera hora de la mañana, pero una vez en casa, tardamos varios días en recuperar el ritmo normal. Nuestro perro Chuck seguro que aún recuerda que lo bajamos al parque a pasear a las 5 de la mañana varios días seguidos porque teníamos los ojos como platos…

Conclusiones

Tres años después de nuestro viaje, recordamos Japón con gran cariño. Un país único, diferente, sorprendente, lleno de posibilidades para todos aquellos que quieran conocerlo a su aire.

Estamos seguros de que algún día regresaremos, y que cuando lo hagamos, podremos visitar dos áreas que nos tuvimos que dejar en el tintero: Hokkaido, al norte, y Okinawa, al sur. Y, por supuesto, esperamos que se cumpla el deseo que escribimos en la tablilla ema en el Monte Misen, y que podamos volver a Miyajima.

¡Esperamos que te animes a viajar tú también a Japón y que nos cuentes tu experiencia!

Akihabara, un domingo a las 8 de la tarde bajo la lluvia.
Lo mejor de la jornada:
Lo mejor de la jornada:
El jet-lag tras el regreso a casa. Tremendo, je, je, je.
Lo peor de la jornada:
Lo peor de la jornada: