Nuestro cuarto día por tierras islandesas arrancó en el camping que hay en el centro de Akureyri, prontito, como suele ser nuestra costumbre, pues en nuestro planning no solo teníamos establecido que teníamos que llegar hasta el este del país, en concreto a la ciudad de Egilsstadir, sino que haríamos una pausa larga a mitad de ruta para ir a los baños geotermales de Mývatn.

Distancia desde Akureyri a Egilsstadir: 267 kilómetros.

Tiempo aproximado de conducción: 3 horas y media (en Islandia el máximo de velocidad es de 90 km/h, pero en muchos tramos es de 70).

Camping del centro de Akureyri

Así que tras rellenar el depósito de agua de la Happy Camper en el camping, nos dispusimos a seguir la carretera 1 y despedirnos de la preciosa Akureyri, de la que nos alejamos tras atravesar un largo puente sobre un lago.

Consejo: si vas a hacer esta misma ruta, Friki Viajero, te recomendamos encarecidamente que no salgas de Akureyri sin haber llenado el tanque de gasolina, o sin que lo tengas como mínimo a tres cuartos, porque antes de llegar a Egilsstadir, hay un tramo de más de cien kilómetros en los que la carretera pasa por una zona volcánica en la que no hay nada. Nada de nada de nada.

Nuevos paisajes nos esperaron en esa zona del norte de Islandia. Verdes, casitas de colores vivos salpicando el terreno, más ovejas… Y de pronto, una cascada que te roba el aliento: la de Godafoss. La cascada de los dioses.

Cascada de Godafoss, Islandia

Eso sí, nada más dejar el coche aparcado en la zona habilitada y salir al exterior, te das cuenta de que estás en el área de Mývatn. Y es que este nombre significa, literalmente, “lago de las moscas enanas”. Si visitas Islandia en los meses correspondientes al verano (desde junio hasta mitad de septiembre, más o menos), te asombrará la cantidad de mosquillas que hay por todas partes.

Estas mosquillas no pican, pero llegan a resultar muy molestas.

Dejando las moscas aparte, la cascada de Godafoss es preciosa. No tan impresionante como la de Gullfoss, pero digna de ser contemplada durante un buen rato, sin prisa, empapándote del sonido del agua que cae con furia. Hay varios senderos habilitados para disfrutarla desde varios puntos, e incluso los más osados se atreven a escalar hasta ciertos puntos que, bajo nuestro punto de vista, rozan lo temerario.

De cualquiera de las formas, Godafoss fue el punto en el que más gente junta vimos durante esa etapa de la ruta. Una vez te alejas de allí, la carretera 1 empieza a bordear los lagos de Mývatn, los cuales pueden visitarse. Nosotros lo intentamos, pero de nuevo la exagerada cantidad de mosquillas que había nos hizo cambiar de opinión (de hecho, mientras estábamos conduciendo llegamos a creer que estaba lloviendo por el sonido de las “gotas” en el parabrisas, pero no: eran decendas de bichitos impactando contra el cristal) y seguir adelante hacia el punto de parada previsto: los baños geotermales de Mývatn.

Área geotermal en Mývatn, al norte de Islandia

Estos baños se encuentran situados en medio de una zona volcánica, y son una alternativa a la famosa Blue Lagoon situada al sur de Reykjavík. Llegar desde la carretera 1 es sencillo, pues está señalizado, pero para disfrutarla hay que tener en cuenta algunos aspectos.

Lo primero, los horarios. Y es que en temporada de invierno, es decir, del 1 de septiembre al 31 de mayo, abre de 12 del mediodía a 10 de la noche, mientras que en verano (del 1 de junio al 31 de agosto) lo hace de 9 de la mañana a 12 de la noche.

Nosotros llegamos al exterior de las instalaciones el 1 de septiembre a las 11 de la mañana, y nos encontramos con el percal. Apenas había gente en el parking y estaba todo cerrado y solitario, así que no nos quedó otra que esperar y hacer tiempo. En verdad, lo agradecemos, porque pudimos aprovechar para pasear por los alrededores, curiosear el entorno volcánico y… seguir peleando con las moscas.

Eso sí, no te asustes, Friki Viajero, que dentro de las piscinas no hay moscas, el propio vapor del agua las espanta.

Piscinas geotermales de Myvatn, norte de Islandia, alternativa a la Blue Lagoon

Si te estás haciendo la gran pregunta, es decir, ¿Blue Lagoon o Mývatn?, solo podemos decirte que nosotros no fuimos a la Blue Lagoon, pero en comparativa, los baños geotermales de Mývatn tienen varios puntos a su favor.

  • En esencia, es lo mismo que la Blue Lagoon. Es decir, es una piscina artificial en la que se aprovecha agua proveniente de una planta que genera energía geotérmica. Esta agua tiene una gran cantidad de silicio y microorganismos que hidratan la piel, y está a una temperatura entre los 36-40º. Al igual que la Blue Lagoon, las piscinas están al aire libre, por lo que probarás la experiencia de bañarte en agua caliente con el contraste de estar a 10º o menos.
  • La de Mývatn es más pequeña, sí, pero también a ella va bastante menos gente que a la Blue Lagoon, por lo que no están masificadas y puedes disfrutar tranquilamente del baño. De hecho, para la Blue Lagoon aconsejan comprar la entrada con antelación porque tiene aforo limitado; en las de Mývatn, no es necesario.
  • Es más barata que la Blue Lagoon, y si vas en temporada de invierno, como nosotros, incluso más.
  • Y el último punto a favor: mientras que la Blue Lagoon está en una zona llana, de terreno de picón negro y sin nada interesante alrededor (lo observarás en el avión cuando estés llegando al aeropuerto de Keflavík), los baños geotermales de Mývatn se encuentran rodeados de volcanes y montañas nevadas al fondo, por lo que el paisaje en sí está lleno de contrastes.

 

Luego hablaremos más de nuestra experiencia de baño en las piscinas de Mývatn, pero volvamos al diario: como faltaba una hora para que abrieran, nos dispusimos a dar un paseo por los alrededores, pues hay varias rutas de senderismo habilitadas.

Repetimos: en época de verano, hay un montonazo de mosquillas en el ambiente por esa zona, así que si puedes ir con una red protectora, mejor que mejor. Si no, haz como nosotros e ingéniatelas como puedas. Tomárselo con humor ayuda mucho, recuerda que no pican.

Escalera en alambrada en los alrededores de las piscinas naturales de Mývatn, norte de Islandia

Si te fijas en la foto sobre estas líneas, de nuevo vimos una de las tantas alambradas que dividen el terreno en Islandia, con una escalera de madera con pinta de llevar ahí a saber cuánto tiempo. Tenemos la teoría de que están ahí para que las personas puedan pasar de un lado a otro, pero no el ganado. O los trolls. O los duendes.

Alrededores de las piscinas naturales de Mývatn, norte de Islandia

Dedicamos cerca de media hora a caminar por los alrededores. El paisaje volcánico, el calor brotando de la tierra (con vapor inclusive), los colores del musgo sobre el negro, las montañas nevadas al fondo… y la soledad. No había nadie por los alrededores, así que si vas a los baños de Mývatn, te recomendamos que dediques un rato a deambular por los parajes que la rodean, vale la pena.

Llegó el mediodía, y nos dispusimos a guardar cola junto a todos los que llegaron a la taquilla de los baños apenas unos minutos antes.

El procedimiento para los baños es sencillo. Hay dos vestuarios: femenino y masculino. Tras pagar el importe de la entrada, te dan un token (moneda) para usar una taquilla y una llavecita enganchada a una pulsera de goma. Tienes que entrar al vestuario y cambiarte (a las piscinas hay que entrar con bañador, no se puede practicar nudismo en ellas), pero antes de bañarte, tienes que haberte duchado con jabón en los vestuarios.

Es decir, se comparte la misma filosofía que en los baños japoneses: para que todo el mundo pueda disfrutar de agua caliente y limpia, hay que entrar a ella limpio. Así que ya sabes, Friki Viajero: entras al vestuario, te desvistes, te duchas y enjabonas, te aclaras, te pones el bañador y las sandalias, dejas tus cosas en la taquilla, coges tu toalla (hay que ser muy valiente para salir de la piscina y no cubrirte con ella) y sales al exterior para disfrutar de la experiencia.

Por cierto, te recomendamos llevarte tu propio bañador, tus propias sandalias y dos toallas, una para salir de la piscina, otra para cuando te duches después de la piscina (las de microfibra son ideales porque se secan rápido y no abultan mucho). En los baños de Mývatn puedes alquilarlo todo, pero claro, no es barato, así que si lo llevas desde casa, mejor que mejor.

Por cierto, los zapatos los puedes dejar en una zapatera que hay fuera de los vestuarios.

Baños geotermales de Mývatn, norte de Islandia

Y de la experiencia de la piscina en sí… Qué decir, ¡es mejor que lo pruebes por ti mismo! Cuando sales al exterior, el choque término es curioso. Nosotros nos bañamos un 1 de septiembre a eso de las 12:10 del mediodía y hacía 13º. El agua estaba a cerca de 40º. Dentro del agua se está de lo más a gusto, pero en cuanto sales, entre que estás mojado y que por ello se incrementa la sensación térmica de frío, brrrrrrrrr.

El agua huele a azufre (como toda el agua en Islandia), de ella emana vapor, y su color turquesa, por los microorganismos que contiene, así como lo turbia que está, sumado al paraje que te rodea, hace que todo resulte surrealista, mágico y encantador.

Lo recalcamos: no te vayas de Islandia sin probarlo. Hay opciones incluso más baratas, como las piscinas municipales de Reykjavík que tambien son de agua caliente (de hecho, están al ladito del camping de Reykjavík), pero por haberlo probado, te recomendamos los baños de Mývatn.

Baños geotermales de Mývatn, norte de Islandia

Cerca de hora y media después, salimos de los baños y nos dispusimos a seguir en ruta. Tocaba volver a la carretera 1 y seguir en el sentido de las agujas del reloj hasta el este.

Paisajes del norte de Islandia

 El paisaje con el que nos topamos seguía siendo volcánico…

Happy camper, furgoneta en el norte de Islandia

… y desértico. De hecho, nos impresionó comprobar que ese tramo de la carretera atraviesa, literalmente, la nada. Un malpaís enorme en el que condujimos durante un rato larguísimo sin cruzarnos con ningún otro viajero, kilómetros y más kilómetros en los que no vimos signo alguno de civilización.

¿Por qué lo recalcamos tanto? Porque nuestra recomendación si vas a hacer esta misma ruta, es que compruebes que tienes el tanque de gasolina como mínimo lleno a la mitad, pues en un trayecto aproximado de 123 kilómetros (es decir, desde que sales de los baños geotermales de Mývatn hasta las afueras de Egilsstadir), no hay nada. De nada. Ni gasolineras ni áreas de servicio ni casas. Por haber, hasta estuvimos un buen rato sin ver ovejas. Así que mejor ir prevenido a quedarte tirado en medio de la carretera…

Cafetería decorada con renos en el este de Islandia

De hecho, en cuanto el paisaje volvió a cambiar (del desierto volcánico, pasamos al verde que caracteriza el este de Islandia) tanto nos emocionamos al ver el primer indicio de civilización, que paramos sobre la marcha. Se trataba de un pueblo diminuto, con una gasolinera automática y una guesthouse en la que había, además, una cafetería, cuya decoración nos pareció curiosa aunque un poco “violenta”. Y es que durante el trayecto en medio de la nada, vimos varias señales la borde de la carretera que advertía de la presencia de renos salvajes. No vimos ninguno (suponemos que bajan en invierno) pero en aquella cafetería estaban presentes en la decoración por todas partes, y de todas las formas. Desde fotografías de gran tamaño hasta ciervos disecados…

Por cierto, si te preguntad cuánto vale un café en Islandia, el café de esa cafetería nos costó 300 ISK (unos 3 euros) cada uno, que fue lo mismo que pagamos en las áreas de servicio en general. Café al estilo americano, es decir, tirando a aguado. Café de supervivencia, para entendernos. Dicen que en Reykjavík están algunos de los mejores baristas de Europa, pero como no tomamos café en la capital y solo podemos opinar en base a nuestras experiencias, nos pareció que el café en Islandia es caro y malo.

Camping de Egilsstadir, este de Islandia

Y tras un rato más al volante, por fin llegamos a Egilsstadir, la principal población del noreste de Islandia, una ciudad muy pequeña y extremadamente tranquila en la que nos topamos con una sorpresita… Lo habíamos leído en Internet a la hora de programar nuestro viaje por libre, pero hasta que no lo vivimos en persona, no terminamos de creerlo: resulta que a partir del 1 de septiembre, temporada de invierno, las oficinas del camping cierran a las 4 de la tarde (nosotros llegamos a las seis), por lo que no había nadie a quien pagarle la tarifa por pasar la noche allí. ¿Problema? Ninguno. En la misma puerta de la oficina vimos un cartel en el que se invitaba a los campistas a pasar la noche allí y hacer uso de las facilidades, y pagar al día siguiente.

Así que nuestra recomendación es que si bien en Islandia puedes pagarlo todo (o el 99% de las cosas) con tarjeta de crédito, mejor que te lleves en efectivo el dinero para pagar las tarifas de los campings, por si te pasa como a nosotros.

Las oficinas abrían a las 9 de la mañana siguiente, y como teníamos previsto irnos antes de esa hora, finalmente optamos por meter el dinero en un folio doblado a modo de sobre y pasarlo por debajo de la puerta.

El camping de Egilsstadir está bastante bien. Las extensiones de terreno son grandes, y en las zonas comunes hay un edificio con baños y duchas separados (dos duchas la parte de mujeres, dos duchas la de hombres) muy limpios, una zona con lavadora y secadora, así como mesa y sillas para descansar, y una zona en el exterior para lavar los cacharros. Nota importante: el agua para lavar los cacharros también se puede poner caliente, cosa que se agradece.

El camping no tiene pérdida, y está a pocos minutos en coche de un Bonus. A cinco minutos a pie hay una cafetería-restaurante, Salt café & Bistro, que está abierta hasta las 10 de la noche (¡milagro!), y en donde tienen Wi-Fi gratuita.

Tras cargar las pilas con un café vienés, poner a la familia al día y comprobar de un breve paseo por los alrededores que no había mucho más que ver por allí a esas horas, regresamos al camping para cenar y dormir, no sin antes decidir gracias a un cartel que al día siguiente nos desviaríamos un poco de la ruta para visitar el bosque de Hallormsstadhur.

Camping de Egilsstadir, este de Islandia

Pero eso lo contaremos en la siguiente entrada del diario…