Una de las principales ventajas de que las Islas Canarias sean un destino atractivo de vacaciones, es que cada vez hay más vuelos directos que te permiten hacer conexiones con buena parte de Europa.

Por ello, desde que supimos por cosas del azar que la compañía islandesa WOW Air vuela semanalmente desde Tenerife Sur a Islandia (y viceversa), decidimos que ese sería nuestro próximo destino de viaje por libre. Y así fue…

Nota: 5 meses después de haber viajado a Islandia, WOW Air empezó a operar vuelos directos entre Gran Canaria e Islandia (a partir del 20 de febrero de 2016).

Compramos los billetes en febrero de 2015 (con seis meses de antelación) a muy buen precio, y pagamos como extras un seguro de cancelación por si ocurría algún imprevisto, así como la tarifa para poder viajar cada uno con una maleta de cabina de 8 kilos de peso. Usando el truco de llevar puesto en el viaje las ropas más pesadas (es decir, el abrigo y las botas de trekking), pudimos llevar todo lo que necesitábamos y contar con la comodidad de cargar el menor equipaje posible, además de que este sea manejable y sin correr el riesgo de que te lo pierdan a la hora de la facturación.

Maletas de cabina para el vuelo de WOW Air entre Tenerife Sur e Islandia

Por supuesto, nos llevamos un buen arsenal de cámaras (réflex, dos móviles, GoPro con accesorios), baterías, tarjeta de memoria y demás para documentarlo todo 🙂

Cámaras que nos llevamos a nuestro viaje por libre a Islandia

Y así, el sábado 29 de agosto de 2015, nos dispusimos a emprender una nueva aventura. La jornada empezó pronto, a eso de las 8:30 am en el aeropuerto de Gran Canaria, desde donde tomamos un vuelo regional hasta la cercana isla de Tenerife. Dicha isla cuenta con dos aeropuertos, el norte y el sur. Nosotros nos dirigimos al aeropuerto de Tenerife Sur, el Reina Sofía, que es desde donde opera la compañía WOW Air. Tras un trayecto de apenas 30 minutos en Binter, nos tocó hacer tiempo hasta que se abriera el mostrador de facturación de la compañía islandesa. Por cierto, son muy cachondos los de WOW Air. El trato con ellos, impecable, no tuvimos ningún tipo de problemas, los vuelos fueron perfectos y puntuales, y su imagen corporativa tiene cierto punto frikillo. Por ejemplo, las bandas que nos colocaron en el equipaje de mano tenían el lema You shall pass (un guiño al célebre You shall not pass!, o lo que es lo mismo en español, “¡No puedes pasar!” de Gandalf en El señor de los anillos).

El vuelo duró poco más de cuatro horas y media (algo que nos sorprendió y agradó, teniendo en cuenta que el vuelo desde Gran Canaria a Barcelona son tres), y rozando las ocho de la tarde hora local (una hora menos que en Canarias), llegamos al aeropuerto internacional de Keflavík. Y la primera impresión a vista de pájaro, fue que dicho aeropuerto está situado en medio de la nada… Así es: la península al sur del país en el que se encuentra el aeropuerto es una gran extensión volcánica sin nada alrededor. Una curiosidad: desde el avión se puede distinguir la famosa Blue Lagoon.

Una vez estuvimos en la terminal del aeropuerto, y tras cambiar los pocos euros que nos llevamos en efectivo a coronas islandesas (ISK) en una oficina de cambio que hay ahí mismo, nos dispusimos a esperar en el Meeting Point que hay junto a la zona de llegadas. Tranquilo, friki viajero, porque el aeropuerto de Keflavík es muy completo, pero chiquitito, así que todo lo que hemos citado no tiene demasiada pérdida.

Puesto que llegábamos rozando la noche a Islandia, habíamos planeado dormir en un hotel cercano al aeropuerto. Nos decantamos por el Bed & Breakfast Keflavík Airport, el cual reservamos a través de Booking. Quedamos con ellos, vía email, en que nos esperarían en el Meeting Point a las 20:30 horas, y que si no los veíamos, que los llamásemos por teléfono. Tras esperar por espacio de veinte minutos, decidimos llamar, y en inglés les indicamos que estábamos ahí. No tardaron ni diez minutos en venir con una furgoneta a recogernos.

Es lo bueno que tiene este hotel: las habitaciones son cómodas, el desayuno está incluido y tienen servicio de transfer al aeropuerto (y desde el aeropuerto) gratuito las 24 horas. Como puedes ver en las fotos, nos tocó una habitación enorme con cuatro camas. Y biblia en islandés, cómo no…

Si te fijas en el mapa que puedes consultar en las líneas superiores, el hotel está muy cerca del aeropuerto, apenas unos cinco minutos por carretera. Eso sí, está situado en una zona en la que prácticamente no hay nada. Casas diseminadas y una quietud absoluta en cuanto llega la noche. Al preguntar en la recepción si servían cenas en el hotel, nos dijeron que no, pero que había un restaurante no muy lejos de ahí. Seguimos las intrucciones que nos dieron, y dimos con el local en cuestión: la pizzería Langbest. No te dejes engañar: cuando estás buscándola en los alrededores del hotel, el edificio por detrás parece un almacén o un granero, pero cuando llegas a la fachada, todo cambia.

Así que tranquilo, que si llegas al hotel antes de las 9 de la noche, tienes dónde cenar. El restaurante cierra a las 10, eso sí.

Esa cena fue nuestro primer contacto con los locales islandeses, del que sacamos dos conclusiones: la primera, que las tarjetas de crédito funcionan a las mil maravillas (en Islandia puedes pagar cualquier cosa con tarjeta de crédito, aunque el importe sea pequeño, y la transacción en el datáfono se hace a toda velocidad), y la segunda, que comer en restaurantes no es, por lo general, barato. Por la pizza y dos refrescos (dos vasos que podías rellenar las veces que quisieras) pagamos unos 23 euros al cambio. En este apartado puedes ver cuánto nos gastamos en comida a lo largo del viaje, y podrás comprobar que se puede sobrevivir perfectamente a base de comprar en supermercados, porque la diferencia con respecto a comer en restaurantes es muy acusada.

Y tras llenarnos la barriga, regresamos al hotel. Una ducha y a dormir, que al día siguiente empezaba, con todas las de la ley, nuestro viaje por libre recorriendo el país.

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