Tras terminar la visita al Parque Nacional de Thingvellir, era hora de ponerse de nuevo al volante y dirigirnos a la siguiente parada del Círculo de oro: Geysir.

En plena ruta hicimos un alto en el aparcamiento de un pequeño supermercado que encontramos, donde compramos algunas cosas para el almuerzo, el cual preparamos y disfrutamos en el interior de nuestra furgoneta. Y tras reponer fuerzas, a deshacer kilómetros.

Distancia desde Thingvellir a Geysir: 54,3 kilómetros

Tiempo aproximado de conducción: 45 minutos (en Islandia el máximo de velocidad es de 90 km/h, pero en muchos tramos es de 70)

En carretera haciendo el Círculo de oro, Islandia

La carretera entre estos dos puntos emblemáticos no tiene ninguna pérdida y está debidamente señalizada, así que no te preocupes, friki viajero, que llegarás sin problema. Eso sí, ¡disfruta de los paisajes!

Una vez llegamos a Geysir, nos encontramos con un aparcamiento muy amplio situado junto a un centro de visitantes, un hotel y una enorme tienda de recuerdos con cafetería, de la que hablaremos más tarde. Al igual que nos ocurrió en Thingvellir, nos costó un poquito aparcar al ser este otro de los puntos más turísticos de Islandia. Eran más o menos las cuatro de la tarde y había multitud de viajeros por los alrededores, pero nada que no se pudiera sobrellevar.

Vapor de agua con olor a azufre en Geysir, Islandia

Por lo que hemos leído por Internet, los parajes de alta actividad geotérmica de Geysir pertenecen a una familia, y aunque durante un tiempo la entrada era de pago, a día de hoy es gratuita, aunque verás un depósito para dejar voluntariamente una donación para contribuir al mantenimiento de las instalaciones.

Lo primero que llama la atención de Geysir (en realidad, lo más correcto sería decir el valle de Haukadalur, puesto que Geysir es el nombre de uno de los géiseres), es el olor. El vapor mana de la tierra, ya que de ella sale agua a una temperatura entre 80-100 ºC, y tal y como hemos comentado anteriormente, pese a que el agua de Islandia es de las más puras del mundo y se puede beber sin problema, tiene un alto contenido en azufre. En cuanto se calienta, huele a huevos podridos… ¡y vaya que si huele! A Pedro no le entusiasmó el olorcito, mientras que Nisa sigue afirmando que olía a huevos sancochados y le daba hambre. Mejor que vayas a Islandia y lo juzgues por ti mismo 😛

Vapor de agua en la zona geotérmica de Geysir, Islandia

Sin duda, la principal atracción y punto de interés de la zona, son los géiseres. A todas estas, el nombre géiser viene del verbo gjósa, que en islandés significa erupcionar, y es una de las pocas contribuciones de la lengua islandesa al habla internacional.

A lo que íbamos: hay varios géisers en la zona, pero el que más llama la atención a día de hoy es el géiser Strokkur. A su alrededor hay un perímetro de seguridad hecho con cuerdas tras el cual puedes esperar pacientemente, porque, damos fe, aproximadamente cada 8 minutos, estalla. ¡Uno no se cansa de verlo! Sospechamos que en realidad hay un orco en las profundidades con una alarma puesta, y cada vez que esta suena, pone el chorro a funcionar…

Es un fenómeno natural de lo más curioso, y como a lo largo de toda Islandia, sus habitantes han sabido sacarle provecho para que el visitante pueda disfrutar del espectáculo interfiriendo lo mínimo posible en el paraje.

Estallido del géiser Strokkur en Islandia

La zona, por cierto, es mayoritariamente llana y los caminos son de tierra, pero preparados para que incluso personas con movilidad reducida puedan pasear por ellos. Vale la pena curiosear los distintos puntos de actividad geotérmica que rodean al Strokkur.

Y sin embargo, el mejor consejo que te podemos dar es que vayas un poco más allá. Si te alejas del géiser distinguirás un sendero marcado por el desgaste de los paseantes, y para tu estupor verás una alambrada atravesada por una escalera de madera en (aparentes) condiciones precarias. Esa fue la primera que vimos en Islandia y nos dio la impresión de que muy legal no debía de ser, que alguien la había colocado ahí y se había quedado para el uso de los visitantes, pero no… A lo largo de nuestro viaje vimos decenas de ellas. Suponemos que en Islandia los terrenos se dividen con alambradas para que el ganado no pase de uno a otro, y en ciertos puntos colocan estas escaleras por si alguien necesita pasar al otro lado.

Con esta mentalidad, resulta irónico y un tanto surrealista ver a toda la gente subiendo por la escalera, como borreguitos, je, je. Pero, amigo lector, allá donde fueres haz lo que vieres, así que… ¡usa la escalera y pasa al otro lado, porque vale la pena!

Al otro lado de la alambrada verás un camino ligeramente empinado que conduce a lo alto de una loma. Desde allí se puede disfrutar de unas vistas estupendas de las montañas que hay detrás del valle, y también de una panorámica que permite observar cómo la columna de vapor del Strokkur se eleva hacia los cielos.

Tómate tu tiempo, relájate, enjoy the silence, como decían los Depeche Mode, y cuando sientas que el cuerpo te pide más, emprende el camino de regreso, porque aún queda Círculo de oro por delante.

Zona del restaurante en el centro de visitantes de Geysir, Islandia

Eso sí, te recomendamos que antes de volver a la carretera para dirigirte al tercer punto del Círculo de oro, hagas una visitilla por la zona de la tienda-cafetería. No para comprar cosas (es un reclamo turístico absoluto, y la verdad es que muchos de esos souvenirs los puedes conseguir en Reykjavík), sino porque los baños son gratuitos y están impecables. La cafetería, a su vez, es acogedora. Nosotros nos tomamos un capuchino tranquilamente, y mientras lo hacíamos, pudimos observar desde el sofá en el que nos acomodamos algunos paneles explicativos y fotos sobre la glima, deporte de lucha tradicional islandés. Nos llamó mucho la atención porque nos recordó, en algunos aspectos, a la lucha canaria.

Tras reponer energías, volvimos a la Happy Camper. Nos tocaba dirigirnos a la última parada del Círculo de oro, un trayecto de lo más especial…