Tras tomarnos un breve descanso en el centro de visitantes de Geysir, tocaba volver a ponerse al volante para hacer el tercer y último trayecto del Círculo de oro, el cual a su vez es el más corto, puesto que la distancia existente entre Geysir y la espectacular cascada de Gullfoss (la cascada dorada, o la cascada de oro) es muy poca.

Distancia desde Geysir a la cascada de Gullfoss: 9,7 kilómetros

Tiempo aproximado de conducción: 10 minutos (en Islandia el máximo de velocidad es de 90 k/m, pero en muchos tramos es de 70)

Caballos islandeses

Pero ya en ruta, tuvimos que hacer una breve parada sí o sí… Y es que a un lado del camino, vimos que había un grupo de caballos curioseando a las personas que se habían acercado hasta ellos (y viceversa, je, je). Así que dejamos aparcado el coche en el primer apartadero que encontramos, y fuimos hasta allí.

¡Pero qué bonitos y nobles son los caballos islandeses! Una preciosidad por su escasa estatura, sus enormes ojos curiosos y su pelaje de multitud de colores. Al contrario de lo que muchas personas piensan, no son ponis, sino una raza autóctona, muy resistente y que puedes ver en libertad por todo el país.

Caballos islandeses en la ruta del Círculo de oro, Islandia

Y además, es que les encanta lucirse a la cámara. Fue acercar el objetivo de la réflex, y empezar a hacerse carantoñas. Estos amores equinos

Tras esa paradita, no había tiempo que perder. Así que sin más, deshicimos el trayecto y llegamos a la zona acondicionada para visitar una de las cascadas más espectaculares de toda Islandia: Gullfoss.

De camino a la cascada de Gullfoss

En cuanto empiezas a caminar por el sendero que lleva hasta el mirador, llega a tus oídos el estruendo del agua y te empiezas a hacer una idea de lo que vas a ver, pero nada te prepara para semejante espectáculo. Vista desde esa distancia, es sobrecogedora.

Además, como es tanta la bruma de agua que flota en el ambiente, de nada que salga un rayo de sol se forman espectaculares arcoíris. ¡Nosotros tuvimos la suerte de estar ahí en el momento preciso y pudimos presenciarlo! Una estampa preciosa que pudimos capturar.

Hablando de fotos, no olvides visitar la galería de fotos panorámicas, que sacamos un par de ellas muy chulas en Gullfoss.

Arcoíris en la cascada de Gullfoss, en Islandia

Pero sin duda, lo mejor es recorrer el camino habilitado para poder acercarte a ella. Con cuidado, eso sí, que es un camino excavado en la tierra y algunas partes están húmedas y resbaladizas.

Una vez ahí, te puedes pasar las horas viendo cómo corre agua y más agua, la fuerza con la que se precipita al vacío, las reacciones de la gente… Un espectáculo impresionante. Como nota curiosa, nos quedamos con los monjes budistas que, llevando sus trajes de un intenso color naranja, aceptaban sacarse fotos con los que estaban por ahí. Los monjes, por cierto, también andaban de turismo.

En nuestro caso, estuvimos en Gullfoss hasta pasadas las seis y media de la tarde, y nos hubiésemos quedado un rato más si no fuera porque teníamos que regresar a Reykjavík para hacer noche allí en el camping. En lugar de hacer el camino a la inversa, decidimos ir vía Selfoss, uno de los principales núcleos urbanos de los alrededores, para comprar comida en un supermercado para esa noche y el desayuno del día siguiente.

Distancia desde la cascada de Gullfoss a Reykjavík (por Selfoss): 123 kilómetros

Tiempo aproximado de conducción: 1 hora y media

Supermercado Krónan, en Islandia

Hay que tener muy en cuenta que los supermercados en Islandia (y también la inmensa mayoría de los comercios, quitando los restaurantes) cierran a las 7 de la tarde. Los supermercados Bonus (los más conocidos) incluso algunos días cierran a las 6:30 de la tarde. Por ejemplo, nosotros llegamos a Selfoss a las 7:10 de la tarde y el Bonus ya estaba cerrado. Por suerte, la otra cadena más conocida de supermercados, Krónan, ese día cerraba a las 8 de la tarde, así que nos dio tiempo para hacer una comprita. Las fotos de la galería de abajo, por cierto, las sacamos en otra cadena de supermercados, Netto, pero las ponemos a modo ilustrativo.

Cosas que hay que tener en cuenta en Islandia: no sabemos el motivo, pero el queso es carísimo, a un nivel surrealista (si miras la foto, verás que ese paquete de lonchas de queso de barra costaba al cambio 6 euros); la carne tampoco es barata, pero se pueden conseguir cosas a buen precio; la fruta es carilla, lo que casi todo el mundo se llevaba eran bananas de Ecuador (ay, nuestros platanitos canarios, cómo los echamos de menos). Pero en general, si compras para preparar comidas sencillas, te gastarás un poco más de lo que te gastarías en España, pero tampoco algo exagerado.

Nosotros compramos pan, algo de embutido, skyr (un producto lácteo que más que yogur es queso cremoso, hecho con leche de oveja y de varios sabores; está muy rico, es suave, tiene muchas proteínas y es barato), ramen instantáneo, etc. Y tras habernos hecho con provisiones, tocaba volver a la carretera y regresar a la capital, en donde nos topamos con un pequeño desafío: encontrar el camping de Reykjavík.

El enorme y estupendo camping de Reykjavík está a las afueras de la ciudad, en Laugardalur, la zona verde de la ciudad. Mejor dicho, la zona más verde, je, je. A nosotros nos costó bastante encontrarlo la primera vez que lo intentamos, pero lo cierto es que es más fácil de lo que parece: si vas en coche, una vez llegas a Reykjavík, tienes que seguir por la carretera 41, que es la circunvalación que atraviesa la ciudad (y que lleva al centro bordeando la costa). En esa misma carretera, verás paneles que te muestran cuándo desviarte. Nosotros sí, nos desviamos, y conseguimos llegar a la zona de las piscinas públicas que están justo al lado del camping, pero no encontrábamos la entrada. De nuevo, es muy sencillo, simplemente rodea la manzana donde están las piscinas y verás la señal de camping indicando la entrada.

Camping de Reykjavík, Islandia

El camping de Reykjavík tiene unas instalaciones estupendas. De hecho, fue con creces el mejor en el que nos quedamos durante nuestra estancia en el país. En su página web puedes leer las tarifas detalladamente, pero nosotros pagamos en total 3400 ISK (1700 coronas islandesas cada uno), es decir, unos 24 euros al cambio. Esa tarifa te permite pectornar con la furgoneta, y usar libremente los baños públicos, las duchas públicas, y la zona de comedor y cocinas, así como la Wi-Fi. El camping tiene extensión suficiente para que puedas hacer noche con furgoneta, caravana o con caseta de campaña, y también tiene unas cabañas de madera que pueden alquilarse.

Una de las cosas que más nos llamaron la atención, fueron las zonas gratuitas (free zone) en el camping. La primera la vimos en las oficinas de Happy Campers, pero ahí es enorme. A grandes rasgos, la filosofía es que si cuando vas a acabar tu viaje por Islandia tienes cosas que has comprado y que ya no necesitas, las dejes ahí en las zonas Free en lugar de llevártelas a casa, de modo que otros viajeros que las necesitas puedan usarlas. Una filosofía de reciclaje que nos encantó. Allí vimos de todo, desde comida hasta botellas de camping gas, pasando por pegamento (bendito el tubo que cogimos, porque a Nisa se le rompieron las suelas de las botas días más tarde y sobrevivieron gracias a ese pegamento), etc.

En cuanto a las duchas, disponen de agua caliente y hay cuatro (si mal no recordamos) en la zona de hombres y cuatro en la zona de mujeres. Están bastante limpias y son espaciosas. Eso sí, cuando entres y se te arrugue la nariz, y tu primer pensamiento sea que “huele a bajante”, no, recuerda que en Islandia el agua tiene mucho azufre y que cuando se calienta, huele a huevos podridos. ¡Toda una experiencia, para nada desagradable!

Ese día acabamos reventados. De hecho, nos duchamos a la mañana siguiente… Así que tras cotillear el camping, usar la Wi-Fi para dar el parte a la familia y subir algunas fotos a las redes sociales, cenamos y nos fuimos a dormir. Había que recuperar energías para la siguiente etapa del viaje, puesto que al día siguiente nos íbamos a la ciudad más importante del norte del país, Akureyri.