Domingo 30 de agosto de 2015. El primer día en que amanecimos en Islandia, y lo hicimos muy pronto… ¡A las seis de la mañana ya había una cantidad más que notoria de luz! Así que lo recalcamos: si viajas a Islandia en la época del sol de medianoche (desde finales de mayo hasta principios de agosto), tráete un antifaz, friki viajero, o no vas a poder pegar ojo, puesto que en el país la inmensa mayoría de casas y hoteles o no tienen cortinas, o tienen unas muy ligeras, precisamente para aprovechar al máximo las horas de luz (en invierno apenas se ve el sol).

En la época en la que nosotros viajamos al país (finales de agosto – principios de septiembre) se hace de noche a eso de las 10, y amanece sobre las 6 de la mañana. Tras dormir la mar de bien (puesto que pese a que el Bed & Breakfast Keflavík Airport se encuentra muy cerca del aeropuerto, el tráfico aéreo en Islandia está cerrado por la noche), bajamos a desayunar. El desayuno en este hotel está incluido y es muy, muy completo, la verdad es que nos sorprendió. Una vez tuvimos las pilas cargadas, bajamos a recepción con las maletas, pues habíamos quedado con los de Happy Campers en que nos recogerían junto a otros clientes a las 8:30 de la mañana.

** NOTA: a principios de 2016, la empresa Happy Campers cambió sus oficinas. Ahora están muy cerca del aeropuerto de Keflavík, no a las afueras de Reykjavík, como cuando nosotros estuvimos en Islandia. Más información aquí.

Nota mental que de nuevo repetimos: en Islandia la gente se lo toma todo con mucha calma. Resultado: las 8:30 se convirtieron en las 9 de la mañana. Tras el susto inicial de pensar que igual ya habían pasado y nos quedamos en tierra, acabamos en la furgoneta del traslado gratuito hasta las oficinas de la empresa a las afueras de Reykjavík. El trayecto dura unos 40 minutos y nos lo pasamos hablando en inglés con el conductor, un chico joven que nos estuvo explicando cuantas dudas le consultamos sobre el país.

Una vez en las oficinas de Happy Campers, hicimos todos los trámites pertinentes y a eso de las 10 y pico de la mañana ya estábamos en ruta (puedes leer en este enlace más información sobre el funcionamiento de las furgonetas de Happy Campers y el proceso de alquiler).

Happy campers, furgoneta para viajar por Islandia por libre

Ahora sí que empezaba la aventura islandesa. Primer objetivo: hacer el Círculo de oro, una ruta circular que engloba tres de las atracciones naturales más famosas del país.

Conduciendo una furgoneta Happy Campers en Islandia

En el mapa que puedes ver arriba detallamos la ruta que seguimos nosotros. Hacer el Círculo de oro partiendo desde Reykjavík es muy sencillo. Desde las oficinas de Happy Campers, situadas a las afueras de la capital, tienes que dirigirte hacia la carretera 1 (que es la principal del país y da la vuelta completa a la isla) en dirección Mosfellsbaer, y seguir por esa misma carretera hasta que veas un desvío hacia la carretera número 36 en dirección a Thingvellir (en islandés, Þingvellir). Una vez en la 36, no hay pérdida gracias a los paneles. Asimismo, desde ahí ir a las siguientes paradas del Círculo de oro es muy fácil, puesto que es la ruta más turística de Islandia y está todo debidamente señalizado.

Nuestra recomendación es seguir la carretera, sí, pero parar todas las veces que te apetezca. Ninguna foto o vídeo le hace justicia a los paisajes de Islandia, tan variados, sorprendentes y hermosos que dejan sin aliento. El mayor tesoro de Islandia es eso, su naturaleza, y por ello los islandeses son muy estrictos al respecto. Está prohibido caminar, aparcar y acampar fuera de zonas acondicionadas para preservar en lo posible el entorno tal y como está. Lo bueno es que las zonas de interés tanto en el Círculo de oro como en la ruta de la carretera circular 1 (conocida como Ring Road) están estupendamente preparadas.

Señal de punto de interés, Islandia

A lo largo del camino por carretera, verás cada dos por tres dos tipos de señales en los paneles: la primera, parecida a un cuadrado de bordes redondeados, significa “punto de interés”.

Señal de punto acondicionado para comer en ruta, en Islandia

La segunda, un icono de una mesa junto a un árbol, significa “zona acondicionada para descansar”, y marca puntos acondicionados a un lado de la carretera con una mesa de madera y bancos para comer y disfrutar de las vistas. Te aseguramos que en ruta hay, como mínimo, uno de estos puntos de descanso cada 10 kilómetros (a veces un poquito más, dependiendo del tramo en el que te encuentres en la Ring Road).

Paisajes de Islandia de camino al Círculo de oro

Así que nuestro consejo es que pares en cuantas zonas acondicionadas te apetezca, porque vale realmente la pena. Por ejemplo, en plena ruta hacia Thingvellir hicimos la primera.

Dicha parada nos permitió, a su vez, el primer contacto con el célebre musgo islandés… Y es que buena parte del país está cubierto de una gruesa capa de musgo que no solo es de lo más curioso al tacto (es muy esponjoso), ¡sino que está protegido por ley! Por lo visto tarda muchísimo tiempo en regenerarse, así que está totalmente prohibido dañarlo. En una revista que vimos en un camping, vimos una foto de alguien que acampó fuera de zonas habilitadas y clavó las estacas de su caseta de campaña en este suelo de musgo. Seguro que durmió de lo más cómodo, pero los destrozos que ocasionó al arrancar las estacas fueron tremendos, al igual que la multa que se habrá llevado si lo trincaron. Así que, por respeto a la naturaleza, cumple las normas 🙂

También durante las primeras horas de conducción por Islandia nos topamos con varios elementos que nos acompañarían a lo largo del viaje: los ciclistas (hay gente que decide recorrer entera la Ring Road, o parte de ella, en bicicleta, ya sea en grupos o en solitario), las ovejas y caballos que pastan a sus anchas y por todas partes, y las balas de heno.

A base de deducción, y luego tras consultarlo en Internet, llegamos a las siguientes conclusiones: durante la época en la que hace buen tiempo en el país, el ganado pasta por el campo libremente, puesto que el campo está delimitado por vallas y alambradas (suponemos que según la familia o comunidad ganadera a la que pertenezca), pero durante los meses de invierno, debido a las bajas temperaturas, ha de estar bajo techo. Así que en la época en la que viajamos a Islandia, los ganaderos ya habían cortado todo el forraje y lo estaban embalando en balas plastificadas. Las vimos de color blanco, negro y verde, pero las blancas nos hicieron gracia porque al verlas diseminadas entre tanto terreno verde, parecían nubes de golosina, o marshmallows, para entendernos. De hecho, así las llamamos durante los días que allá estuvimos. ¡Oh, mira: caballos, ovejas, marshmallows!

Distancia desde Reykjavík a Thingvellir: 46 kilómetros

Tiempo aproximado de conducción: 50 minutos (en Islandia el máximo de velocidad es de 90 km/h, pero en muchos tramos es de 70)

Y tras seguir avanzando por la 36, llegamos al fin al centro de visitantes del Parque nacional de Thingvellir, en donde nosotros hicimos una serie de paradas tras dar un paseo de una hora y media de duración aproximadamente: en el mirador principal, en la zona del diminuto pueblo de casitas e iglesia, y junto a las famosas grutas de Silfra.

Parque Nacional de Thingvellir, Islandia

Primeros apuntes para viajeros: a la entrada del centro de visitantes hay una zona de aparcamiento bastante amplia, pero que con toda seguridad estará petada cuando llegues. No te asustes, te encuentras en uno de los puntos más turísticos de Islandia (y pese a todo, en comparación con otros destinos populares a nivel internacional, la aglomeración de gente es irrisoria), así que si te cuesta encontrar dónde dejar el coche, échale un poco de paciencia. También a la entrada del centro de visitantes hay unos baños públicos, pero hay que pagar 200 coronas (Isk) para usarlo. Abajo, en el valle, hay un baño químico público de uso gratuito, pero según Pedro, que tuvo la valentía de entrar, era “lo peor que he visto en mi vida”, así que cada cual tome la decisión que crea oportuna según las ganas que tenga, je, je.

Hay Wi-Fi abierta y gratuita en el centro de visitantes y sus alrededores, y también a pocos pasos de dicha ubicación, se encuentra un mirador que permite unas vistas espectaculares de Thingvellir.

Mirador en el Parque Nacional de Thingvellir, Islandia

Desde ahí se puede contemplar el valle, parte del lago y el pintoresco paisaje de formas y colores que domina este parque nacional, patrimonio de la UNESCO desde 2004. La visita al parque, por cierto, es totalmente gratuita. Solo las personas que quieran bucear en sus grutas han de pagar una tarifa de 1000 coronas, o bien apuntarse a un tour en grupo.

Tras disfrutar durante unos minutos del mirador, nos dispusimos a bajar por los senderos acondicionados. Primer gruiño friki: en esos corredores naturales formados entre la roca se rodaron algunas escenas de la archiconocida serie de televisión Juego de tronos (de la que somos muy fans, por cierto). Seguro que las personas que también la ven recordarán las escenas entre Arya Stark y La Montaña.

Uno de los tantos rincones de Islandia preparados para comer al aire libre

Por las fotos y el videodiario lo puedes deducir, pero hacía una temperatura muy agradable esa mañana. Y si lo dicen dos canarios, ¡es cierto!

A medida que avanzas por el valle, te vas topando con las grutas. El agua que hay en ellas proviene del deshielo de un glaciar cercano, y por estar a bajísimas temperaturas todo el año, es muy cristalina, tanto que se puede ver el fondo sin demasiada dificultad desde la superficie. Tristemente, son muchos los visitantes que se han dedicado a tirar monedas. Si bien esto es algo típico en otros monumentos a lo largo del planeta (como la Fontana de Trevi, en Roma), estamos hablando de un entorno natural en un Parque nacional. ¡Por favor, no tires monedas al agua, que son contaminantes! Hay un cartelito ahí que lo indica, pero nunca está de más recalcarlo.

Señal de cuidado buzos en el Buzos atravesando el Parque Nacional de Thingvellir, Islandia

Antes mencionamos lo del buceo en grutas, y es que la gruta de Silfra está considerada uno de los mejores puntos del mundo para bucear por dos motivos: que sus aguas son de las más cristalinas del planeta, y que en ella se puede ver la unión de las placas tectónicas de Eurasia y América. Sí, suena increíble y debe de serlo, pero simplones que somos, lo que más nos gustó fue la señal que advertía del paso de buzos por la carretera y el camino que lleva hasta allí…

Por la zona vimos varias furgonetas de empresas de buceo donde puedes alquilar el equipo e ir a bucear en grupo por las grutas. Debe de ser una experiencia increíble a juzgar por las fotos que puedes ver en esta web oficial, pero las advertencias son las que son: el agua está muy fría (¡damos fe!), y la gruta puede llegar a ser un laberinto mortal si no se va con cuidado. Así que si vas a probarlo, mejor que tengas conocimientos de buceo y no hagas locuras. La verdad es que se nos quedó la espinita, pero bueno. Habrá que aprender a bucear con botella y si alguna vez volvemos a Islandia, sumergirnos. Con un traje de neopreno de varios centímetros de grosor, por favor 😛

Y tras emprender el paseo de vuelta y regresar al coche, tocaba volver a la carretera para continuar hacia la segunda etapa del Círculo de oro: Geysir.