Tras disfrutar del paseo por el bosque de Hallormsstadur nos pusimos de nuevo en ruta. Retomamos la carreta 1 (Ring Road) en el sentido de las agujas del reloj, dispuestos a descubrir el este del país. Y cuál no fue nuestra sorpresa cuando de pronto, la carretera 1 (la más importante de Islandia) pasó de estar asfaltada… a convertirse en una pista de tierra y gravilla.

Costa este de Islandia, carretera 939 sin asfaltar

Y es que si bien esta parte del país es preciosa, las carreteras no están en buen estado durante aproximadamente 30 kilómetros. Si conduces con precaución y despacio, no hay problema, pero nuestra recomendación es que contrates un seguro de gravilla cuando alquiles el vehículo en el que te vas a mover por Islandia.

Nosotros, cuando alquilamos la Happy Camper, contratamos un seguro que nos cubría en caso de que la luna del coche se dañara por la gravilla, y aunque no llegamos a usarlo, en esos momentos agradecimos haberlo hecho, porque no hacíamos sino escuchar cómo impactaban pequeñas piedras contra el cristal.

Llegados a un punto, decidimos tomar un atajo: coger la carretera 939 para ahorrarnos unos cuantos kilómetros en lugar de seguir la 1 bordeando la costa, puesto que más adelante hay un punto en el que te puedes reincorporar a la 1.

Si usas el atajo, ten en cuenta que la carretera 939 no está en buenas condiciones (sin asfaltar, con gravilla), pero al no estar clasificada como F, se puede transitar con turismos y caravanas.

Lo cierto es que si el tramo de la 1 del que hablamos antes estaba en mal estado, la 939 es bastante peor porque encima tiene muchas curvas y es en pendiente, pero solo por los paisajes ya vale la pena. Cuando llevábamos un buen rato sudando al volante, tuvimos que hacer un alto…

Costa este de Islandia, cascada por la carretera 939

Ignoramos el nombre de la cascada (pequeñita en comparación a otras, aunque muy bella), pero guardamos buen recuerdo de ella porque pudimos acercarnos mucho y apenas había gente… En concreto, otra pareja más que se fue cuando llegamos nosotros… ¡y el padre y el hijo españoles con los que nos habíamos encontrado el día en que hicimos el Círculo de oro!

Fue una coincidencia muy graciosa porque, según nos contaron, habían llegado a ese mismo punto pero en el sentido contrario a las agujas del reloj. Además, nos demostró que, efectivamente, en Islandia hay pocos turistas, porque ya es casualidad encontrarnos justo ahí, en medio de la nada.

No dejó de fascinarnos ver tanta y tanta agua. Helada, eso sí.

Costa este de Islandia, cascada por la carretera 939

Tras disfrutar del paisaje, volvimos andando al coche… ¡con sorpresa! Y es que la suela de la bota de Nisa se desprendió. Menos mal que en la free zone del camping de Reykjavík cogimos un tubo de pegamento, por si acaso. La suela aguantó como una campeona hasta que regresamos a Gran Canaria días después 😉

Tras continuar por la 939 nos volvimos a incorporar a la 1, y varios kilómetros después regresamos a pista completamente asfaltada (qué gustazo, para qué mentir). Y si lo que habíamos visto hasta ese momento del este de Islandia nos había encantado, aún nos faltaba mucho por descubrir.

Costa este de Islandia, carretera 1 Ring Road

Esta parte del país es preciosa, muy verde, pero también con grandes paisajes marinos.

Costa este de Islandia

De nuevo, más choques y contrastes. Una zona fértil, seguramente por la combinación de tierra volcánica y la humedad.

Costa este de Islandia

Si te fijas en las fotos, de vez en cuando se ven casitas aisladas. Eso sí que debe de ser vivir en total tranquilidad…

Costa este de Islandia

En esta zona, la carretera 1 serpentea recorriendo la costa.

Costa este de Islandia

Continuamos avanzando por la Ring Road, siempre en compañía de paisajes marinos.

A veces incluso teníamos la sensación de estar por nuestras islas, el archipiélago canario, puesto que las costas de El Hierro también son volcánicas, con mar y tierra negra salpicada de verde.

Costa este de Islandia

Sin embargo, estampas como esta nos hacían volver a la realidad. Por ejemplo, las balas de heno…

Costa este de Islandia, bandada de pájaros

… o las bandadas de cisnes. Precioso 🙂

Ya era cerca de las dos de la tarde, y decidimos que íbamos a parar en el pueblo costero de Höfn para comer. Así que continuamos por la carretera 1 un buen rato, hasta que llegamos al desvío por la 99.

Costa este de Islandia, comida en Höfn

Höfn no es demasiado grande, pero es famoso por su langosta, así que queríamos probarla y darnos el capricho de comer por ahí en vez de cocinar en la furgoneta. Tras dar un par de vueltas, nos decantamos por el restaurante Kaffi Hornid. No vamos a mentir, la cuenta fue bastante elevada, pero la hamburguesa de reno con tempura de langosta (surf’n turf hamburguer) que nos metimos entre pecho y espalda, ufff… Espectacular.

Aprovechamos para reponer fuerzas antes de iniciar la última parte del trayecto de esa jornada. Y créenos, Friki Viajero, cuando te decimos que lo mejor del día 5 viajando por libre por Islandia estaba aún por llegar…