El viernes 4 de septiembre fue, oficialmente, nuestro último día completo viajando por Islandia. Tras despertar, aún con el subidón de haber visto las auroras boreales la noche anterior, nos preparamos el desayuno en la cocina común del camping de Reykjavík, y tras ordenar la furgoneta, dejar hechas las maletas y llenar el tanque de combustible, nos dispusimos a devolver la furgo en las oficinas de Happy Campers.

Por aquel entonces, dichas oficinas aún se encontraban en las afueras de Reykjavík (nos costó un poco llegar; de hecho, tuvimos que conectar el 3G en el móvil y ayudarnos del Google Maps). Actualmente están junto al aeropuerto internacional de Keflavík, pero seguro que el proceso a la hora de la devolución es el mismo: la persona que allí te atienda revisará que el vehículo no tiene desperfectos (además de revisar la furgoneta, hará una comparativa con la lista de daños que tenía el vehículo en el momento en que te lo dieron) y te dirán cuántos kilómetros has hecho en total.

Cuando nosotros fuimos a Islandia, los de Happy Campers, tras la devolución del vehículo, te dejaban gratuitamente en el punto de Reykjavík que les pidieras (actualmente, te dejan gratis en el aeropuerto o alrededores, no en la capital), así que les pedimos que nos dejaran en el BSÍ, la estación central de guaguas (autobuses), desde donde empezamos a pasear tras dejar las maletas en consigna (dispone de taquillas de varios tamaños, se pueden pagar con tarjeta).

Islandia, murales en las calles de Reykjavík

Nuestro objetivo era pasar el día en la ciudad, y a última hora de la tarde volver al BSÍ para tomar el Flybus hasta el aeropuerto, desde ahí llamar a la recepción del Bed & Breakfast Keflavík Airport (el hotel donde pasamos la primera noche) para que nos fueran a buscar, dormir ahí y salir a primera hora de nuevo al aeropuerto, ya que nuestro vuelo de regreso salía a las 8 de la mañana. Así que con energía y buen humor, empezamos la ruta por la hermosa, pintoresca y pequeña capital del país, que destaca por ser la capital más al norte del mundo.

En el mapa que puedes ver a continuación, hemos marcado los lugares que visitamos.

Desde el BSÍ (la estación central de guaguas / autobuses) al pleno centro de Reykjavík hay un paseo de 20 minutos a paso relajado.

Lo bueno del centro de Reykjavík es que es bastante pequeño, por lo que lo puedes recorrer a pie sin ningún problema. Cronometramos cuánto tardábamos desde el BSÍ a la entrada de Laugavegur, y el reloj nos indicó que 23 minutos. Nos interesaba saberlo por si íbamos con prisa a la vuelta para no perder el Flybus, pero lo cierto es que como dato orientativo no está nada mal.

Lo primero interesante que te encuentras cuando caminas en esa dirección, es el lago Tjörning.

Islandia, parque del lago Tjörnin en Reykjavík

Es uno de los puntos más emblemáticos del centro histórico, y en sus aguas se reúne una buena cantidad de patos, gaviotas y demás fauna. Nos hizo gracia un cartel en el que se pedía a los paseantes que no dieran de comer a los patos en el periodo del verano (del 15 de mayo al 15 de agosto), porque las gaviotas intentan arrebatarles la comida y pueden hacerles daño. Gaviotas vikingas al poder…

Aún con el cachondeo de que las guaguas (los straetó) sean amarillas, al igual que en nuestra ciudad, seguimos avanzando en dirección a la zona del puerto. Nuestro siguiente objetivo era visitar el icónico y famoso auditorio Harpa, una de las muestras más representativas del diseño nórdico a nivel internacional.

Hay varios motivos por los que la visita al Harpa está más que recomendada

Islandia, edificio Harpa en Reykjavík

El primero, es su arquitectura. Por fuera es extraño, aunque hermoso por sus peculiares cristaleras.

Escena de la serie Sense8 rodada en el Harpa de Reykjavík, Islandia

Paréntesis friki: si viste la serie Sense8, de las hermanas Wachowski, lo recordarás. Es en el Harpa donde Riley acude a ver a su padre actuar con la Orquesta Sinfónica de Islandia. Sí, en donde les pasa a él y dos colegas un peta…

El segundo, su interior. El Harpa no solo es un auditorio, sino también una sala de exhibiciones y proyecciones, con espacios preparados para reuniones de negocios, conferencias, etc. Aunque hay espectáculos y eventos de pago, visitar su interior es gratuito y muy interesante.

Islandia, edificio Harpa en Reykjavík, interiores

Por ejemplo, las vistas más bonitas del viejo muelle de Reykjavík las conseguirás a través de sus cristales.

Islandia, edificio Harpa en Reykjavík, interiores

Vale la pena dedicar un buen rato a deambular por él.

Y un tercer motivo de peso, es que dentro del Harpa dispones de baños amplios, relucientes y gratuitos, además de Wi-Fi gratuita y una zona con sillones. Todo ello con calefacción. Vamos, un sitio ideal para descansar un ratito.

Islandia, edificio Harpa en Reykjavík, tienda

Cómo no, también dispone de tienda propia. Encontrarás en ella un montón de curiosidades y objetos de diseño chulísimos… y carísimos. Nos encantaron los taburetes imitando a los caballos islandeses, pero de pensar en lo que harían nuestros perros con las “crines”, se nos quitaron las ganas de traernos uno a casa 😛

Islandia, edificio Harpa en Reykjavík

Echa un vistazo a la web oficial de Harpa por si hay algún evento de tu interés en la fecha en que vayas a estar por Reykjavík. También ten en cuenta que no se puede visitar gratuitamente todo, sino que hay un tour que te permite acceder a la sala sinfónica.

En cuanto a nosotros, salimos de nuevo al exterior, y no sin constatar que allá en Islandia la gente local sí que usa los jerseys tradicionales hechos de lana de oveja (esos que son tan bonitos, pero que pican tanto), nos dirigimos a la siguiente parada, el otro gran icono de la ciudad.

Reykjavík, alrededores del Sun Voyager con el Harpa del fondo

Siguiendo por la misma orilla del Harpa, a unos 10 minutos de paseo se encuentra la famosísima escultura Sólfar, también conocida como Sun Voyager (Viajero del Sol).

Reykjavík, escultura Sun Voyager , Sólfar

Esta escultura, obra de Jón Gunnar Árnason, representa los sueños de libertad y esperanza, todo lo que se desea encontrar en un territorio aún por descubrir. Recuerda a una embarcación vikinga, y aunque es bastante sencilla, lo cierto es que resulta preciosa y pone los pelos de punta.

Suele estar bastante concurrida (eso en Islandia equivale a que a lo mejor te topas con cinco o seis personas más al mismo tiempo que tú), por lo que ten un poco de paciencia si te quieres sacar fotos sin que aparezca nadie más.

Reykjavík, escultura Sun Voyager , Sólfar

Nota curiosa: allí, en las escaleras que hay junto al Sólfar, volvimos a coincidir con el chico de la cámara analógica de gran formato al que ya viéramos en Jökulsárlón y luego en Skaftafell…

Reykjavík, escultura Sun Voyager , Sólfar

Tras contemplar un rato más el Sólfar, tocaba dejar un poco atrás la zona portuaria. Queríamos volver a Laugavegur, la calle comercial, para hacer unas compras. Y mientras nos disponíamos a hacerlo, nos detuvimos a observar las obras de construcción de un edificio, en especial cómo colocaban materiales aislantes. Imaginamos que esos pisos deben de costar una pasta, puesto que la inmensa mayoría de viviendas que vimos por allí eran de una o dos plantas y prefabricadas.

Islandia, construcción de edificio con aislamiento térmico en Reykjavík

Una vez en Laugavegur, dedicamos un par de horas a hacer compras diversas, curiosear y, cómo no, reponer fuerzas. Las caracolas de canela de la panadería Sandholt estaban de muerte.

De nuevo insistimos: la mejor manera de descubrir una ciudad (y un país en general), es patear. Y Reykjavík es ideal para eso. En cualquier rincón te puedes encontrar detalles sorprendentes, como los coloridos murales que abundan en las paredes de los edificios y callejones.

Islandia, murales en las calles de Reykjavík

No te limites a Laugavegur. Por las calles que la cortan encontrarás también establecimientos de lo más curioso, como esta tienda de instrumentos musicales del mundo.

Islandia, tienda de instrumentos musicales en los alrededores de Laugavegur

Con tanto paseo llegamos al mediodía, y empezamos a buscar dónde comer.

En Laugavegur hay un montón de sitios para comer, pero nosotros recomendamos hacerlo en la zona del puerto. También hay oferta y puedes encontrar precios interesantes.

Islandia, restaurante Ramen Momo en el puerto de Reykjavík

El día anterior, mientras buscábamos dónde aparcar el coche cuando llegamos a Reykjavík, Pedro vio un Fish & Chips como el de Akureyri, solo que por la zona del Harpa, así que decidimos regresar hasta allí. Y justo cuando lo teníamos a pocos metros, otro local nos llamó la atención: el Ramen Momo.

Decidimos almorzar ahí, y la verdad es que lo recomendamos. Es un restaurante muy pequeño, regentado por un tibetano y su socio español, donde preparan un ramen muy rico y algunos acompañamientos, como gyozas. Ramen calentito, sabroso y con una muy buena relación calidad-precio.

Islandia, Reykjavík, carteles de restaurante en Laugavegur

Y tras el almuerzo, regresamos a Laugavegur, pero esta vez con otro objetivo un tanto peculiar… Y es que queríamos visitar Nexus, la única tienda especializada en cómics, merchan y juego de mesa de Reykjavík (e Islandia). Para ello, tuvimos que llegar al final de la zona peatonal de la calle y toparnos con más cosas curiosas.

Islandia, gaviota en calle Laugavegur, Reykjavík

Como gaviotas zampándose los restos de comida que alguien dejó en una mesa…

Islandia, calle con la bandera arcoíris LGTB en Reykjavík

… o la calle arcoíris, pintada con los colores de la bandera LGTB.

Islandia, calle con la bandera arcoíris LGTB en Reykjavík

Por algo dicen que Islandia es uno de los países más tolerantes del mundo.

Islandia, murales en las calles de Reykjavík

Laugavegur, una vez terminada la parte peatonal y comercial, sigue. Es muy larga, y se transforma en una calle que atraviesa diferentes zonas residenciales. Aunque resulta más sobria, se pueden encontrar detalles fantásticos como este mural. O el museo del falo (foto de abajo), al que no entramos, a todas estas…

Islandia, museo del falo

Finalmente, dimos con Nexus, y la verdad es que nos sorprendió. En su web oficial puedes encontrar más información sobre la tienda, pero básicamente venden cómics de importación (sobre todo ediciones americanas de manga) en inglés, juegos de mesa, miniaturas y merchan variado. Casi todo lo puedes encontrar en España, pero vale la pena perderse un rato por ella si eres aficionado, como nosotros. Como dicen que una imagen vale más que mil palabras, echa un vistazo a Nexus en nuestro videodiario, puesto que nos permitieron grabar por dentro.

Islandia, terminal de guaguas BSÍ de Reykjavík

Y tras la frikivisita, toca deshacer nuestros pasos y regresar al BSÍ. El Flybus que queríamos coger salía a las 7 de la tarde, y a las 6 llegamos a la estación. Tiempo de sacar las maletas de la taquilla, comprar los billetes del Flybus y tirarnos en los asientos a chupar Wi-Fi.

Islandia, guagua Flybus, que une el aeropuerto de Keflavík con el BSÍ en Reykjavík

El Flybus es una guagua directa que une el BSÍ con el aeropuerto internacional de Keflavík y viceversa. En su web oficial puedes consultar las tarifas y horarios. No es lo que se dice económico, pero sí cómodo. Ten en cuenta que entre ambos puntos hay unos 45 minutos por carretera, por lo que si no vas a alquilar un vehículo cerca del aeropuerto a tu llegada a Islandia, esta es una buena opción para ponerte directamente en la capital.

Dentro tiene Wi-Fi gratis, por cierto 😉

Y así, sin mayores contratiempos, llegamos al aeropuerto internacional de Keflavík rozando las 8 de la tarde. En cuanto estuvimos en el meeting point, llamamos por teléfono a los del hotel, comprobamos en el panel de vuelos que nuestro vuelo estaba en hora para la mañana siguiente, y a los 10 minutos apareció el microbus del hotel, en donde nos llevaron hasta la recepción.

Islandia, hotel Bed and Breakfast Keflavík Airport

Después de todo lo que habíamos vivido, regresar al punto de inicio de nuestro viaje fue bastante simbólico, pero en esos momentos solo podíamos pensar en algo cuando llegamos a la enorme habitación que nos asignaron: ¡una cama de verdad! ¡Una ducha privada!

La experiencia de la Happy Campers y los campings fue muy buena, pero, para qué mentir… La civilización también mola, je, je, je.

Dio tiempo para preparar sacar la ropa del día siguiente y dejar hechas las maletas, una ducha y a dormir. Nota curiosa: en la tele islandesa estaban emitiendo El sexto sentido. En inglés y con subs en islandés, por supuesto.

Día 8 - Regreso a Gran Canaria

Islandia, desayuno en el hotel Bed and Breakfast Keflavík Airport

El despertador sonó a las 4 y media de la mañana. Más zombis que humanos, nos preparamos y bajamos a desayunar. Como ya contamos, el desayuno del Bed & Breakfast Reikjavík Airport es muy variado, y se puede bajar a desayunar desde esa hora. Como muchos vuelos internacionales salen temprano del aeropuerto, el hotel ofrece servicio gratuito de transfer a Keflavík a cualquier hora.

Éramos bastantes los que nos íbamos de Islandia ese día, por lo que se llenaron dos microbuses. A las 5:30 ya estábamos en Keflavík. Consejo de viajero: aunque el aeropuerto parezca pequeño (de hecho, cuando llegamos a Islandia, a última hora de la tarde, nos sorprendió lo muerto que estaba), no te confíes. Por las mañanas es un hervidero. De hecho, te acostumbras a ver tan poca gente en el país que aquello era un minicaos.

Pese a todo, no tardamos en llegar al mostrador de WOW Air, sacar las tarjetas de embarque y pasar el control de seguridad. Por dentro, Keflavík es moderno, bien equipado (hasta hay enchufes junto a unos sillones para cargar móviles y otros dispositivos) y agradable.

Dieron las 8:10 de la mañana. Freja, el avión en el que llegamos a tierras del norte, nos devolvía a tierras del sur. Actualmente, hay un vuelo directo de WOW Air entre Islandia y Gran Canaria, pero por aquel entonces teníamos que volar hasta Tenerife Sur y de ahí tomar otro vuelo regional hasta nuestra isla.

Aeropuerto Tenerife Sur, tras llegar en vuelo directo desde Islandia

Fue bastante cansado, pero para qué negarlo… Llegar seis horas después a las Islas Canarias, nuestra tierra, y encontrarnos con un sol radiante y 26 grados de temperatura, no tiene precio…

Se acababa el viaje. La vuelta a casa siempre es agridulce, pues a la felicidad por regresar a tu entorno con los tuyos, se suma la tristeza por haber puesto punto y final a otra aventura. Pero lo mejor es, sin duda, pensar en las que están por llegar.

¡Esperamos que te haya gustado este diario de nuestro viaje por libre a Islandia, y que te resulte de utilidad si tú también vas a viajar a este país tan fascinante!