Esta semana publicamos la primera parte de una serie de artículos centrados en el coleccionismo en Japón, una afición muy arraigada en muchas culturas pero que en el país del sol naciente adoptan con su particular estilo y multiplican su potencial para sacarle el mayor de los potenciales. Todo esto, cómo no, contándotelo desde nuestro punto de vista friki.

Seguro que cuando eras pequeño coleccionaste alguna cosa. Es probable, incluso, que a día de hoy sigas coleccionando aquello que tanto te gustaba de crío, o que ahora sientas afición por coleccionar algo totalmente distinto. En parte es bastante normal, tenemos la tendencia de querer poseer los bienes materiales. De ahí la tan controvertida dualidad que se está dando en la sociedad actual: ¿el formato físico o el formato digital? Cada vez tenemos menos espacio, el suelo es más caro y es más complicado almacenar pilas y pilas de bienes físicos. El olor de ese libro, el sonido que produce ese vinilo, el tacto de esa figura… son muchas las particularidades del formato físico que se pierden cuando nos pasamos a lo digital, ¿a que sí?

Pero dejemos eso a un lado y vayámonos a lo friki, que es lo que nos gusta de verdad. ¿Coleccionabas algo de niño? ¿Sí? ¿Cromos, por ejemplo? ¿Legos? ¿Figuras de los G.I. Joe? Seas o no un poco más “friki” seguro que la marca Panini o la marca Planeta DeAgostini despierta en tu mente algún recuerdo. O si eres de la península, seguro que has tenido contacto con alguien que iba los fines de semana a intercambiar sellos, monedas o cromos de alguna colección de futbolistas. Seguro que las palabras “Sile” o “Nole” te transportan directamente al patio de tu colegio. ¿Qué fue lo más bizarro que coleccionaste de pequeño, o que coleccionas hoy día? Seguro que si respondiésemos “La pandilla basura”, acertaríamos en la diana de más de uno de ustedes.

Cromos de La pandilla basura

Cromos de La pandilla basura, ¡seguro que hoy día las censurarían!

En nuestro viaje por Japón pudimos comprobar in situ que allí, sobre todo en nuestros paseos por la ciudad eléctrica de Akihabara, también hay una afición por el coleccionismo. Uno de nuestros amigos nos dijo que la mejor forma de ver lo máximo posible en Akihabara era subir por el ascensor a la planta más alta de cada edificio de tiendas y recorrerlos piso a piso desde arriba hacia abajo. De esta forma fue como pudimos corroborar que el coleccionismo vive y late con mucha fuerza en el corazón de los japoneses.

Los Tentes, la competencia de Lego

Los Tentes, la competencia de Lego

Figuras G.I. Joe

Figuras de G.I. Joe

Coleccionismo de maquetas de trenes

El tren en Japón es un símbolo de puntualidad y lo tienen muy metido en su cultura y en su sociedad, hasta el punto en que si un determinado tren se retrasa unos minutos puede colapsar prácticamente todo el país. La pasión que sienten algunos japoneses por los trenes es desmesurada. Y como es lógico, existen a disposición del público maquetas de todos los trenes habidos y por haber. Pero también del terreno, de árboles, de arbustos, de edificios, de todo lo que necesites para montar en tu casa tu escenario perfecto. Un ejemplo de estas marcas de maquetas de trenes son los Plarail, japonización de la palabra inglesa “Play Rail”, trenes de plástico de la marca Tomy.

Un ejemplo de Plarail

Un ejemplo de Plarail

Coleccionismo de maquetas y figuras de robots

Los robots o mechas apasionan a muchos japoneses. ¿Quién no ha oído hablar de clásicos del manga y el anime japoneses como Mazinger Z, Tetsujin 28-go, Evangelion o Gundam? Hay colecciones para todos los gustos y colores, desde maquetas de plástico, pasando por figuras hiper realistas y hasta estatuas a escala real como el Gundam de Odaiba o el Tetsujin 28-go de Kobe.

En otro artículo de Frikis Viajeros titulado “¿Legos o Tentes? ¡No, Gunplas!” ya te hablamos de los Gunpla, las figuras de plástico de Gundam. Esta afición puede ir desde algo tan simple como montar las maquetas o coleccionar las figuras o llegar a un lado un poco más radical donde las maquetas se customizan pintándolas con pinturas especiales o dándoles toques más personales, más DIY (“do it yourself”).

El Tetsujin 28-go de Kobe

El Tetsujin 28-go de Kobe

Coleccionismo de sellos

Durante la Expo de Sevilla (Exposición Universal de Sevilla), allá por el año 1992, recordamos con especial cariño que al entrar te daban un librito donde podías sellar los pabellones de los países que visitabas. Eso y el calor infernal que hacía en aquel verano, ¡ozú mi arma!

No nos vamos a extender mucho más en este apartado porque ya escribimos un artículo sobre “los sellos conmemorativos de tinta japoneses”, pero solamente que sepas que a los japoneses también les encanta coleccionar este tipo de sellos o “estampus” (del inglés stamps).

Sello conmemorativo de tinta de la estación de Nishikujo, Osaka, Japón

Sello conmemorativo de tinta de la estación de Nishikujo, Osaka, Japón

Coleccionismo de maquetas y figuras de aviones

Existe una tradición a nivel internacional de coleccionismo de maquetas de aviones, ya sean aviones de pasajeros, aviones de mercancía o aviones de guerra. En Japón también, como es lógico, sobre todo teniendo en cuenta la importancia de su papel en la Segunda Guerra Mundial. Este era otro de esos pisos que se repetían en Akihabara, plantas llenas de figuras, maquetas y réplicas de aviones de todos los tipos habidos y por haber.

Estanterías llenas de maquetas en Akihabara

Estanterías llenas de maquetas en Akihabara

Coleccionismo de maquetas y figuras de barcos

Debido también a la importancia de Japón en la Segunda Guerra Mundial, los japoneses sienten una pasión especial por los barcos de guerra. Esta pasión se ha visto trasladada después en series de animación como la clásica Uchuu Senkan Yamato, que a más de uno le sonará y que está basada en el acorazado Yamato, el más poderoso acorazado de guerra que tuvo Japón, hundido durante la guerra. Esta pasión llega hasta el punto de que en la actualidad existe el KanColle, o Kantai Collection, un juego para navegadores de cartas coleccionables con más de 2 millones de jugadores registrados en Japón y cuyo objetivo es coleccionar flotas de “chicas barco”.

Foto del acorazado Yamato

Foto del acorazado Yamato

Un personaje de Kantai Collection

Un personaje de Kantai Collection

Coleccionismo de dollfies

La dollfie es una muñeca de resina o vinilo, de entre 26 y 50 centímetros, fabricada por la compañía japonesa Volks. Es la radicalización más extrema del coleccionismo de muñecas de toda la vida y la afición gira en torno a hacer cobrar vida a este tipo de muñeca comprándole piezas básicas como pelo y ojos y todo tipo de ropa y accesorios como gorros, gafas, muñequeras, lazos, etcétera. Es una afición cara, pero aquí lanzamos una carta a su favor, ¿qué afición llevada hasta el extremo no acaba siendo cara?

Una dollfie

Una dollfie, ¡kawaii!

Estos son algunos de los ejemplos de coleccionismo que te hemos querido contar en esta primera parte del artículo. En la segunda parte, que te traeremos el lunes de la próxima semana, seguiremos hablando de coleccionables, pero nos centraremos en el coleccionismo de figuras, contándote muchos de los entresijos de esta afición tan popular y que se ha extendido por todo el globo entre aficionados al manga y el anime.