Cuando se piensa en Japón, a uno le viene a la mente el país del sushi, de las geishas, del manga y las frikadas. Sí, Japón es todo eso, pero también mucho más. Es una tierra fértil donde se puede disfrutar de una fascinante variedad de paisajes; una nación con una cultura milenaria que se resiste a perderse, y que ha influido notoriamente en sus habitantes, de forma que el contraste entre modernidad y tradición resulta extraño y fascinante a ojos de los viajeros.

También es un país que en algunos aspectos da la sensación de haberse quedado estancado en los 90. Quizás por la crisis económica que durante décadas ha arrastrado, algo que cuando estás caminando por las calles de Tokio no puedes dejar de preguntarte observando a la gente: quizás hace 20 años hacían gala de una tecnología puntera, pero mientras que otros países la han evolucionado, ellos parecen tener ningún interés en cambiar.

Templo en medio de edificios en Tokio

Ese rasgo de su cultura, el de abrirse al mundo pero sin abrirse, sigue vigente en nuestros días. Por todos lados hay palabras y anuncios escritos en inglés, pero muchos japoneses son incapaces de hablar con un extranjero en dicho idioma. Visten ropas occidentales, pero en cuanto tienen la ocasión cambian sus vestimentas a las tradicionales. El mercado está abierto a productos que son buque insignia de la cultura occidental, pero la Coca-Cola, por citar un ejemplo, no consigue terminar de hacerse hueco ante la inmensa demanda de té helado.

El viajero que llega a Japón se topará con mezclas tan sorprendentes como encontrar un templo en medio de rascacielos o inodoros con música y chorritos de agua a distintas temperaturas en los servicios públicos de un centro comercial, pero también el contraste radical entre los urbanitas de las grandes ciudades y lo campechano de los habitantes de las zonas rurales. Hay un Japón para cada persona, y seguro que sean cuales sean tus intereses, este país tiene algo que ofrecerte.

Los japoneses viven en su burbuja, asimilando elementos del exterior y adaptándolo a su cultura, pero sin dar ningún viso de querer cambiar. Eso es algo que acentúa el choque cultural cuando se visita el país.

Taiko Drum Master, recreativa japonesa

Algo a primera vista tan simple como una máquina recreativa encierra un mundo. Por ejemplo, la que puedes ver arriba en la foto, se llama Taiko: Drum Master y es muy popular en los salones de juegos de Japón. Supone la fusión entre las tradiciones del país (el taiko o tambor japonés) y la modernidad de las consolas de videojuegos.

Si te gusta el mundo del videojuego, el manga y la animación japonesa, alucinarás con lo descomunal que es el mercado japonés en estos campos. El manga editado en papel se encuentra en declive, pero dicho declive implica que encontrarás edificios enteros, de varias plantas, llenos de publicaciones recientes que de seguro nunca saldrán de las fronteras del país. Asimismo, el merchandising es asombroso, no tanto por su calidad (que hay de todo), sino porque verás cosas surrealistas y en cantidades abrumadoras. En ese sentido, da la impresión de ser una sociedad tremendamente consumista…, algo que de nuevo vuelve a chocar con la filosofía minimalista del Sintoísmo.

El sentido del orden y de grupo de los japoneses es extraordinario, pero, al mismo tiempo, cuando estás en el país te das cuenta de que de seguro se debe, en gran parte, a una simple cuestión de superviviencia (siendo tantos los millones de habitantes del país, de no ser así imperaría el caos), y su amor y respeto hacia la naturaleza forma parte de su cultura. Por ejemplo, en Tokio verás en cualquier rincón diminutos jardines urbanos.

Maceta en cualquier rincón de Tokio

En conclusión, si hay un motivo por el cual deberías visitar Japón, es sin duda por estos contrastes. Es un país muy seguro, en el que te puedes mover por tu cuenta sin problema alguno, y ya busques monumentos, parajes naturales o descubrir lo que esconden sus ciudades, encontrarás rincones, gentes y experiencias que nunca olvidarás.